Contrato de respiración

Contrato de respiración

Era un acta de nacimiento original y muy desgastada.

El documento estaba arrugado y manchado de mucho polvo oscuro.

El nombre actual de Damián estaba tachado con tinta negra.

Su verdadero nombre de nacimiento era Mateo Ruiz López.

Mi mente viajó al pasado de un solo golpe brutal.

Ese nombre estaba grabado en mi memoria para toda la vida.

Mateo era un niño huérfano que vivía en la calle.

Yo lo operé de emergencia hace veinte años exactamente atrás.

Esa fue mi primera cirugía importante como doctora muy joven.

Él había recibido una puñalada defendiendo a un perrito callejero.

El niño no tenía dinero para pagar la cuenta médica.

Yo convencí a mi propio padre de ayudarlo por compasión.

Yo misma pagué sus costosas medicinas usando mis primeros ahorros.

Yo le salvé la vida a ese pequeño niño esa noche.

Él desapareció del hospital dejando una pequeña nota muy arrugada.

La nota prometía pagar su gran deuda de vida algún día.

Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas totalmente pálidas.

Damián y Mateo eran exactamente la misma persona sufriendo hoy.

Él no me odiaba en realidad como yo siempre pensé.

Todo este infierno marital era una terrible y cruel fachada.

Él compró la enorme deuda del hospital para salvar mi carrera.

Me obligó a casarme para protegerme de otros carteles rivales.

Su oscuro apellido era un escudo impenetrable contra cualquier enemigo.

Me trataba mal para alejarme emocionalmente de su lado podrido.

Él quería que yo lo odiara con toda mi alma.

No quería que yo sufriera por su inminente muerte dolorosa.

Él estaba sacrificando sus últimos días para darme seguridad absoluta.

El dolor en mi propio pecho era verdaderamente insoportable ahora.

Me sentí como la mujer más ciega de todo el mundo.

Entonces ocurrió algo imposible de creer en ese preciso instante.

Escuché pasos muy pesados acercándose por el largo pasillo principal.

La pesada puerta del despacho se abrió de forma violenta.

Damián estaba parado justo en el marco de pura madera.

Su rostro estaba completamente pálido y muy sudoroso esta vez.

Tenía la mano derecha apretando su pecho izquierdo con fuerza.

— ¿Qué demonios estás haciendo aquí adentro?

— No quería que tú lo supieras nunca.

— Todo se terminó para mí hoy.

— Sé toda la verdad sobre tu corazón enfermo.

Él intentó gritarme con mucha rabia en su voz ronca.

Quería mantener su estúpida máscara de hombre cruel y frío.

Pero sus piernas musculosas fallaron de repente sin ninguna fuerza.

Él cayó al piso alfombrado con un golpe muy seco.

Corrí hacia su gran cuerpo desesperadamente tropezando con la alfombra.

Su respiración era muy superficial y demasiado rápida en ese momento.

Sus gruesos labios estaban perdiendo todo el color rojo natural.

Sus ojos oscuros me miraban con un terror muy profundo.

Tomé su teléfono celular para pedir una ambulancia de urgencia.

Mis manos temblaban al marcar el número de emergencias médicas.

Vi un mensaje nuevo brillando en la pantalla muy iluminada.

Era un texto urgente de su abogado personal de confianza.

El mensaje confirmaba que el testamento final estaba totalmente listo.

Todo su inmenso imperio económico pasaría a mi nombre mañana.

El contrato de matrimonio tenía una cláusula muy secreta guardada.

Su próxima muerte me convertiría en una mujer inmensamente rica.

Él planeaba dejarme toda su gran fortuna como un regalo.

Quería pagar aquella antigua deuda médica de hace veinte años.

La ambulancia llegó a la mansión demasiado rápido esta vez.

Los paramédicos entraron corriendo con equipo de soporte vital avanzado.

Subí a Damián a la fría camilla metálica muy rápidamente.

Yo misma le apliqué los primeros auxilios durante el trayecto.

Mis lágrimas caían sobre su rostro muy pálido y cansado.

Las sirenas sonaban fuertemente por las largas calles de Monterrey.

Yo sostenía su mano fría con todas mis escasas fuerzas.

Él apretaba mis dedos intentando buscar un poco de calor.

Llegamos a la inmensa sala de emergencias de mi hospital.

Las enfermeras abrieron las pesadas puertas de cristal de inmediato.

Nadie imaginaba la gran tragedia que iba a suceder pronto.

Los médicos de guardia intentaron estabilizar su ritmo cardíaco alterado.

Yo gritaba instrucciones precisas desde la fría sala de espera.

Conocía su complicado expediente médico mejor que nadie en el lugar.

Prepararon el desfibrilador para aplicar una descarga eléctrica muy fuerte.

El monitor mostraba líneas rojas muy erráticas y sumamente peligrosas.

La sala entera olía a puro alcohol y muchísimo miedo.

Yo sentía que me estaba volviendo loca de pura angustia.

Solo una simple llamada destruyó mi mundo en ese segundo.

El teléfono de Damián volvió a sonar vibrando en mi bolsillo.

Contesté el aparato sin pensar en las graves consecuencias oscuras.

Era la voz de un hombre muy siniestro hablando burlonamente.

Yo conocía esa terrible voz por las noticias de la televisión.

Era el líder supremo del cartel enemigo de la frontera.

— Damián ya no tiene ninguna escapatoria posible esta noche.

— ¿Quién eres tú y qué quieres de nosotros ahora?

— Cambiamos sus pastillas del corazón ayer por la noche.

— Son unos malditos asesinos sin piedad ni escrúpulos humanos.

El teléfono cayó de mis manos estrellándose contra el suelo.

El veneno mortal ya estaba corriendo libremente por su sangre.

Sus propios enemigos descubrieron su gran debilidad médica muy secreta.

Sobornaron a un guardia para alterar sus pastillas de uso diario.

Las pastillas nuevas aceleraron la destrucción total de su corazón.

Su vida llena de violencia extrema le cobraba una altísima factura.

Este era el terrible precio de construir su imperio criminal.

Su pasado oscuro finalmente lo había alcanzado con mucha furia.

El despiadado karma en este mundo no perdona a nadie.

Todo el daño que él causó regresaba a él ahora.

El destino siempre es el peor verdugo de los hombres.

Entré corriendo a la sala de choque empujando las puertas.

Los asustados médicos se apartaron al ver mi rostro desencajado.

Damián abrió sus ojos oscuros de una forma muy lenta.

Me miró con una ternura increíble y verdaderamente nunca antes vista.

Ya no había absolutamente nada de frialdad en su mirada.

El monstruo había desaparecido dejando solo al hombre muy herido.

Levantó su mano derecha temblorosa hacia mi mejilla muy mojada.

Su tacto era áspero pero lleno de un amor profundo.

— Perdóname por ser tan cruel contigo todo este maldito tiempo.

— No hables por favor y guarda todas tus pocas fuerzas.

— Solo quería protegerte de mi maldita y espesa oscuridad eterna.

— Vas a estar muy bien y te lo prometo hoy.

— Mi corazón siempre fue tuyo desde aquel lejano primer día.

La maldita máquina comenzó a emitir un sonido muy largo.

La línea roja en el monitor se volvió completamente plana.

Su pesada mano cayó sobre la sábana blanca impecable rápidamente.

Sus ojos perdieron el brillo mirando fijamente hacia el techo.

Los doctores declararon la hora oficial de su triste muerte.

Sentí que mi propio mundo se derrumbaba en mil pedazos.

Grité su nombre aferrada a su gran cuerpo sin vida.

Damián pagó todos sus pecados criminales con su propia existencia.

La justicia divina castigó su carrera como líder criminal despiadado.

Pero él me dejó un regalo de amor verdaderamente infinito.

El funeral fue un evento cerrado y muy dolorosamente silencioso.

Un mes exacto después de su muerte llegó su abogado.

Me entregaron unos documentos legales guardados en una caja fuerte.

Leí su testamento final sentada en mi hermoso jardín trasero.

Él no me dejó dinero ensangrentado para mi uso personal.

Él ordenó donar toda su inmensa fortuna ilícita al estado.

Sus abogados limpiaron cada centavo vendiendo todas las enormes propiedades.

Ese dinero sirvió para crear una gran fundación médica nacional.

La nueva fundación lleva mi nombre completo en letras doradas.

El viejo hospital familiar fue remodelado con equipos muy modernos.

Ahora atiendo a miles de niños huérfanos casi diariamente aquí.

Opero corazones enfermos sin cobrar absolutamente nada de dinero sucio.

Salvo muchísimas vidas usando el legado de un criminal arrepentido.

Él sacrificó su propia alma oscura para darme paz eterna.

Su corazón dejó de latir para que el mío sanara.

Yo visito su tumba cada domingo llevando rosas muy blancas.

Perdono sus pecados porque conozco su verdadera intención final pura.

La ciudad entera lo recuerda como un temible monstruo despiadado.

Pero yo lo recuerdo como el niño que quise salvar.

Nuestro extraño contrato terminó cuando él dejó de respirar finalmente.

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