Lente borradora de memoria
Ella me miró por encima del hombro de Diego.
Había burla evidente en su rostro perfectamente maquillado.
Su sonrisa altanera me hizo hervir la sangre entera.
"Asegúrate de captar nuestro inmenso amor, pequeña fotógrafa".
Su voz sonaba como un veneno muy dulce.
Las siguientes dos horas fueron una verdadera tortura psicológica.
Valeria exigía poses cada vez más y más íntimas.
Quería que él la tocara frente a mí constantemente.
Me pedía que acercara la cámara a sus rostros.
Yo tragaba mis propias lágrimas en un silencio doloroso.
Quería salir corriendo de este castillo infernal ahora mismo.
El aire me faltaba cada vez que ellos sonreían.
Yo estaba completamente equivocada sobre mis propios sentimientos.
Pensé que mi corazón ya no podía doler más.
Estábamos haciendo unos retratos cerca del balcón principal.
El viento soplaba fuerte moviendo las cortinas de seda.
El moño negro del traje de Diego estaba torcido.
Valeria estaba muy ocupada regañando a una dama de honor.
Gritaba órdenes por teléfono a los organizadores del evento.
"Permítame ajustar su corbata", le dije con voz rota.
Me acerqué a él rompiendo el espacio personal permitido.
Su aroma natural seguía siendo exactamente el mismo.
Esa mezcla de madera y menta inundó mis sentidos.
Mis dedos fríos rozaron su cuello por puro accidente.
Su piel quemaba como el fuego bajo mi tacto.
Entonces ocurrió algo imposible frente a mis ojos.
Él dio un paso atrás muy nervioso y alterado.
Su pecho subía y bajaba con una respiración agitada.
Su chaqueta chocó contra la barandilla de piedra gris.
Su billetera de cuero negro cayó al suelo abierto.
Varios billetes de alta denominación salieron volando un poco.
Tarjetas de crédito exclusivas quedaron esparcidas por el suelo.
Me agaché rápidamente para recoger el valioso objeto.
Mis ojos captaron algo escondido dentro del plástico transparente.
Mi respiración se detuvo por un largo segundo.
El tiempo pareció congelarse en ese preciso instante.
Era un pequeño anillo hecho de pasto muy seco.
Estaba cuidadosamente prensado y extremadamente bien conservado.
Yo le hice ese anillo hace cinco años exactos.
Se lo di en nuestro primer aniversario de novios.
Estábamos sentados en un parque comiendo helado barato.
Fue una promesa de amor eterno sin tener dinero.
Él juró guardarlo hasta poder comprarme un diamante real.
Él no había perdido la memoria después del choque.
Él recordaba absolutamente cada detalle de nuestra vida pasada.
Tres minutos después todo cambió dentro del salón.
Levanté la mirada hacia su rostro tenso y pálido.
Diego estaba sudando en frío con la mandíbula apretada.
Me arrebató la billetera de las manos muy rápidamente.
Sus dedos temblaron al rozar mi piel de nuevo.
"No toques mis cosas personales", susurró con voz temblorosa.
Pude ver el terror puro brillando en sus ojos.
No era frialdad arrogante, era miedo a ser descubierto.
Él estaba fingiendo todo este maldito tiempo frente a mí.
Mi mente empezó a conectar los puntos sueltos rápidamente.
Solo una llamada destruyó mi mundo hace unos años.
Valeria regresó al balcón con una sonrisa maliciosa.
"Es hora de ir al jardín para la ceremonia principal".
Tomó a Diego del brazo con mucha posesividad.
Salí apresuradamente hacia donde dejé mi equipo fotográfico extra.
Necesitaba cambiar la batería de mi cámara con urgencia.
Mi corazón latía tan fuerte que lastimaba mis costillas.
Entré al pequeño cuarto de servicio asignado para mí.
Abrí mi mochila negra de trabajo pesado con rapidez.
Había un paquete extraño escondido entre mis lentes costosos.
Era una bolsa plástica gruesa sellada con cinta adhesiva.
Adentro había un polvo blanco de aspecto muy sospechoso.
Era una cantidad inmensa de una sustancia totalmente ilegal.
Suficiente droga para mandarme a prisión de por vida.
Nunca imaginé quién estaba detrás de esta trampa mortal.
Mi sangre se congeló en mis venas de inmediato.
Comprendí todo el macabro plan en una fracción de segundo.
Valeria me contrató específicamente para humillarme frente a él.
Ella siempre supo exactamente quién era yo realmente.
Y ahora planeaba enviarme a una cárcel por muchos años.
Plantó esa evidencia falsa para arruinar mi vida entera.
Quería eliminarme del camino de la forma más cruel.
Mis manos temblaban mientras sostenía el paquete incriminatorio.
El pánico se apoderó de mi cuerpo por completo.
Tenía que escapar de este maldito lugar ahora mismo.
Tomé la mochila y corrí hacia un pasillo vacío.
Los pasos resonaban por las paredes del castillo antiguo.
Doblé la esquina buscando una salida de emergencia cercana.
Diego venía caminando solo por esa zona del pasillo.
Parecía estar buscando algo con mucha desesperación.
Lo acorralé contra la pared de piedra con fuerza.
Mis lágrimas de rabia empezaron a caer sin control.
"¿Qué significa esto, Diego?", le mostré el paquete blanco.
Él miró la mochila con los ojos muy abiertos.
El color abandonó su rostro en un solo segundo.
— Tienes que irte de aquí ahora mismo.
— No me iré sin escuchar toda la verdad.
— Te van a destruir para siempre si te quedas.
— Ya estoy destruida por tu maldita culpa.
Él intentó quitarme la mochila para esconder el paquete.
Pero yo me aferré a las correas con fuerza.
"Ella te tendió una trampa muy peligrosa", susurró Diego.
"Vete por la puerta trasera antes de que lleguen".
Pero eso no era lo peor de mi situación.
La voz de Valeria resonó justo detrás de nosotros.
"Ya llamé a la policía, mi querida fotógrafa criminal".
Ella estaba parada al final del largo pasillo oscuro.
Tenía un teléfono celular brillante en su mano derecha.
Dos enormes guardaespaldas estaban parados justo a su lado.
PARTE 3
El sonido de las sirenas se escuchaba a lo lejos.
Valeria caminó hacia nosotros con un aire muy triunfante.
Su pesado vestido de novia arrastraba por el mármol.
La sonrisa en su rostro era puramente malvada y sádica.
Diego se puso frente a mí como un escudo humano.
Sus hombros anchos me tapaban de la vista de ella.
"No le hagas daño, ese fue nuestro trato", gritó Diego.
Su voz retumbó con furia por todo el largo pasillo.
Yo estaba temblando detrás de su espalda muy ancha.
El miedo me tenía completamente paralizada en mi lugar.
Valeria soltó una carcajada llena de un desprecio total.
"Tú no me das órdenes a mí, maldito muerto de hambre".
Ella sacó un cigarrillo delgado con demasiada calma.
Uno de los enormes guardias le encendió el fuego rápido.
El humo gris llenó el espacio entre nosotros lentamente.
"Yo provoqué ese accidente hace cinco años", confesó Valeria.
Sus palabras cayeron como rocas pesadas sobre mi cabeza.
Yo estaba completamente equivocada sobre mi trágico destino.
"Yo manejaba borracha ese estúpido auto de lujo negro".
"Me pasé el semáforo porque estaba muy aburrida esa noche".
La crueldad en sus palabras me dejó sin aliento.
Ella no sentía ningún remordimiento por casi matarme.
Valeria sopló el humo hacia el techo del castillo antiguo.
"Mis padres pagaron millones para encubrir mi pequeño delito".
"Compraron a la policía y borraron todas las cámaras urbanas".
"Pero tú necesitabas cirugías muy costosas para lograr sobrevivir".
Diego apretó los puños hasta dejarlos totalmente blancos.
Los músculos de su espalda estaban tensos por la rabia.
"Y este idiota vino a rogarnos por dinero llorando".
Valeria señaló a Diego con un asco muy evidente.
"Se arrodilló frente a mi padre suplicando por tu vida".
Tres minutos después todo cambió en mi mente confundida.
"Aceptó casarse conmigo para pagar tu cuenta del hospital".
"Firmó un contrato para ser mi perro faldero personal".
Él vendió su propia libertad para lograr salvar mi vida.
Él sacrificó nuestro gran amor por mi delicada salud.
Soportó humillaciones diarias para pagar mis terapias físicas.
Las lágrimas quemaron mis mejillas de forma muy violenta.
El dolor en mi pecho se convirtió en un fuego ardiente.
Toqué la espalda de Diego con mis dedos temblorosos.
Él estaba temblando de rabia y de un dolor inmenso.
Todo este tiempo pensé que me había abandonado cruelmente.
Lloré su traición durante cinco largos y oscuros años.
Pero él estaba viviendo un infierno diario solo por mí.
Nunca imaginé quién estaba detrás de su gran sacrificio.
Valeria tiró el cigarrillo al suelo del pasillo elegante.
Lo pisó con la punta de su zapato de diseñador.
"Me aburrí de fingir que amo a este don nadie".
"Mi familia exige que tenga un esposo de mi nivel".
"Quería destruirlos a los dos el mismo maldito día".
Ella me miró con un odio irracional y profundo.
"La policía te arrestará por tráfico de sustancias prohibidas".
"Pasarás el resto de tu vida pudriéndote en una celda".
"Y él será mi viudo encerrado en este enorme castillo".
Yo no entendía a qué se refería con esa palabra.
Pero eso no era lo peor de su macabro plan.
Valeria hizo una señal rápida con su mano izquierda.
El guardaespaldas más grande sacó un cuchillo militar táctico.
La hoja de acero brilló con la poca luz disponible.
El hombre corrió directamente hacia mi pecho desprotegido.
Levantó el arma letal con intenciones de matarme ahora.
Yo me quedé congelada sin poder mover un solo músculo.
Cerré los ojos esperando el dolor intenso del acero frío.
El tiempo pareció detenerse en ese largo y horrible segundo.
Solo escuchaba el latido desbocado de mi propio corazón asustado.
Entonces ocurrió algo imposible frente a mis propios ojos.
Se escuchó el sonido espantoso de carne siendo rasgada.
Un gemido de dolor ahogado rompió el tenso silencio.
Abrí los ojos con el corazón latiendo a mil por hora.
Diego me había empujado contra la pared de piedra fría.
Él recibió la apuñalada directa en su propio estómago.
La sangre roja manchó su camisa blanca de inmediato.
El líquido caliente goteaba rápidamente sobre el mármol brillante.
El guardaespaldas retrocedió muy asustado por su propia acción.
No esperaba apuñalar al futuro esposo de su jefa millonaria.
Valeria gritó histérica al ver tanta sangre derramada.
Su plan perfecto se había salido de control totalmente.
"¡Malditos inútiles, escapen de aquí ahora mismo!", ordenó ella.
Los tres salieron corriendo hacia el jardín trasero oscuro.
Los dejaron solos en medio del pasillo del castillo.
Diego cayó de rodillas sobre el piso brillante y manchado.
Yo me tiré a su lado llorando sin ningún control.
Presioné mis manos sobre su herida muy profunda y abierta.
La sangre caliente manchaba mi vestido negro de trabajo.
El olor a metal inundó mis sentidos por completo.
"No te mueras, por favor no me dejes sola", supliqué.
Mis lágrimas caían directamente sobre su rostro muy pálido.
Las sirenas de policía sonaban justo en la entrada principal.
Las luces rojas y azules iluminaban las grandes ventanas.
Diego levantó su mano temblorosa hacia mi rostro lloroso.
Acarició mi mejilla manchada de lágrimas y de maquillaje corrido.
Su toque era suave a pesar del intenso dolor físico.
Su respiración era cada vez más agitada y muy corta.
Me mostró su mano apretando el pequeño anillo de pasto.
Ese anillo que guardó durante cinco años de puro infierno.
Una sonrisa muy débil apareció en sus labios pálidos.
"Yo nunca te olvidé, mi amor eterno", susurró con dificultad.
Su cabeza cayó pesadamente sobre mi hombro derecho.
Sus ojos se cerraron lentamente mientras perdía el conocimiento.
Los paramédicos entraron corriendo por el pasillo principal iluminado.
Me apartaron de él con mucha fuerza y rápidos movimientos.
Empezaron a hacerle presión en la herida del estómago.
Yo gritaba su nombre mientras lo subían a la camilla.
Solo una llamada destruyó mi mundo, pero el amor lo salvó.
Diego sobrevivió a la cirugía de milagro esa misma madrugada.
La hoja del cuchillo no tocó ningún órgano vital importante.
Valeria y su familia fueron arrestados intentando cruzar la frontera.
Yo entregué los videos de mi cámara como prueba irrefutable.
Había grabado toda su confesión criminal por puro accidente.
La cámara siguió grabando audio cuando cayó al suelo.
Todo su imperio de mentiras se derrumbó en pocos días.
El destino finalmente nos hizo justicia después de tanto sufrimiento.
Hoy empujo la silla de ruedas de Diego con alegría.
Caminamos juntos por la playa al atardecer en completa paz.
Él todavía se recupera lentamente de sus heridas físicas graves.
No tenemos lujos impresionantes ni vivimos en castillos de cristal.
Pero tenemos una segunda y hermosa oportunidad para ser felices.
Nuestras almas rotas se están curando con mucho amor.
El amor verdadero siempre encuentra su camino de regreso a casa.