La infidelidad en el matrimonio
Alejandro me sujetó del brazo con mucha fuerza.
Sus uñas se clavaron en mi piel morena.
Sus ojos estaban llenos de una furia asesina.
Me empujó contra la pared de forma brutal.
Mi cabeza golpeó la madera con un sonido seco.
Un mareo horrible me nubló la vista rápidamente.
Elena salió acomodándose la blusa con prisa nerviosa.
Ella me miró con una sonrisa muy burlona.
Sus ojos reflejaban un odio muy profundo hacia mí.
—Vaya, la sirvienta curiosa ha estado escuchando todo.
Ella cruzó los brazos mostrando un gran desprecio.
—¿Qué vamos a hacer con esta vieja metiche?
Alejandro apretó mi cuello con su mano grande.
Me levantó un poco del suelo sin mucho esfuerzo.
—Escúchame muy bien, pedazo de basura inútil.
—Si abres la boca, tú y tu hija mueren.
—Yo sé a qué escuela va la pequeña Sofía.
—Conozco la ruta que toma tu camión diario.
—Puedo hacer que desaparezca en un solo segundo.
Lágrimas calientes rodaron por mis mejillas sin control.
El pánico por mi hija me nubló la razón.
El aire no pasaba por mi garganta apretada.
Yo pataleaba intentando buscar el suelo con desesperación.
Yo asentí con la cabeza de forma desesperada.
Él aflojó un poco su agarre tan lastimoso.
—No diré nada, se lo juro por Dios.
—Por favor no le haga daño a mi niña.
Él me soltó y caí al piso arrodillada.
Trataba de recuperar el aire en mis pulmones.
Tosí varias veces sobando mi cuello muy lastimado.
Elena me pateó levemente con su zapato caro.
—Limpia este desastre y lárgate a tu cuarto.
—Si vemos una lágrima tuya, te matamos rápido.
Ellos regresaron a la habitación cerrando con llave.
Yo recogí los pedazos rotos con las manos ensangrentadas.
Los cristales cortaron mis dedos pero no importaba.
El dolor en mi pecho era mucho más fuerte.
Tiré los restos a la basura con mucha prisa.
Corrí a mi cuarto para abrazar a mi hija.
Sofía estaba dormida abrazando su osito de peluche.
Su respiración era tan pacífica y tan dulce.
Lloré en silencio besando su pequeña frente tibia.
Estaba atrapada en una verdadera pesadilla sin salida.
No podía renunciar porque ellos me buscarían después.
No podía ir a la policía sin más pruebas.
Mi palabra no valía nada contra su inmenso dinero.
Ellos comprarían al juez en un solo instante.
Yo estaba completamente equivocada sobre la situación.
El destino tenía preparado un giro muy inesperado.
Esa noche me tocó cuidar a la señora Valeria.
Entré a su habitación con un nudo enorme.
La culpa me estaba carcomiendo el alma entera.
Ella estaba pálida y parecía no tener vida.
Las máquinas sonaban con un pitido muy constante.
La luz de la luna iluminaba su rostro demacrado.
Me acerqué a su gran cama con mucha tristeza.
Tomé su mano fría entre las mías temblorosas.
—Señora Valeria, perdóneme por ser tan cobarde.
—No puedo salvarla de este destino tan cruel.
—Tengo que proteger la vida de mi pequeña hija.
—Su esposo es un monstruo que la está matando.
—Él se acuesta con la maestra de su hijo.
—Ellos le están dando un veneno muy peligroso.
Mis lágrimas cayeron sobre las sábanas blancas limpias.
Yo lloraba desconsoladamente junto a su cama médica.
Sentía que estaba traicionando a una mujer buena.
Ella siempre me trató con mucha dignidad aquí.
Pero entonces ocurrió algo verdaderamente imposible de creer.
Sentí una leve presión en mi mano derecha.
Levanté la vista con el corazón latiendo rápido.
Pensé que era un espasmo de la dura enfermedad.
Pero ella volvió a apretar mis dedos sudados.
Su agarre era sorprendentemente firme y muy fuerte.
Los ojos de Valeria se abrieron de repente.
Sus ojos estaban completamente lúcidos y muy brillantes.
Ella no tenía la mirada de una mujer moribunda.
Yo me quedé paralizada sin poder respirar bien.
Valeria me miró fijamente por unos largos segundos.
El pitido de la máquina seguía sonando constante.
Y entonces ella me guiñó un ojo lentamente.
Tres minutos después todo cambió para nosotras dos.
PARTE 3
Yo quería gritar de la pura impresión enorme.
El miedo volvió a invadir mi cuerpo cansado.
Pero ella levantó un dedo pidiendo absoluto silencio.
Se quitó la mascarilla de oxígeno con cuidado.
Apagó el monitor médico apretando un botón verde.
Su respiración era normal y bastante tranquila ahora.
Ella se sentó en la cama sin ningún esfuerzo.
—No llores más, mi querida y fiel Carmen.
Su voz sonaba clara aunque un poco rasposa.
—Yo sé absolutamente todo lo que está pasando.
Yo abrí los ojos desmesuradamente por la enorme sorpresa.
—¿Usted no está en un coma profundo ahora?
Ella soltó una pequeña risa muy amarga y seca.
—Llevo semanas tirando ese maldito té al macetero.
—Esa planta muerta es la prueba de su veneno.
—Descubrí el plan de mi esposo hace mucho tiempo.
—Encontré mensajes de texto muy comprometedores en su celular.
—Él planeaba matarme desde hace casi un año.
—Contraté a un investigador privado para seguirlo siempre.
—Tengo fotos de él con esa mujerzuela barata.
—El investigador me entregó todo un expediente completo.
—También sé del veneno que compró en secreto.
Yo no podía creer lo que estaba escuchando.
La señora Valeria había fingido su enfermedad terminal.
Ella estaba jugando un juego mental muy peligroso.
Ella era una actriz digna de un premio grande.
—¿Por qué no lo denunció de inmediato, señora?
Yo susurré mirando hacia la puerta por miedo.
—Porque quería destruir su vida por completo antes.
—Si lo denunciaba rápido, él pelearía mi fortuna.
—Él buscaría quedarse con la mitad de todo.
—Argumentaría que el negocio creció gracias a él.
—Yo no le voy a dejar ni un centavo.
Sus ojos brillaban con un fuego de venganza pura.
Su rostro demostraba una inteligencia verdaderamente muy temible.
—Necesito que me ayudes con el golpe final.
—Tú eres la pieza clave en este momento.
—El abogado llegará mañana por la mañana temprano.
—Él trae un documento muy importante para firmar.
—Es la donación total de todos mis bienes.
—Alejandro piensa que es su testamento a favor.
—Él es tan estúpido y ciego por la avaricia.
—Yo ya preparé todo para dejarlo en la ruina.
Yo sentí un gran alivio en mi pecho lastimado.
La señora no era una simple víctima indefensa.
Ella era una leona lista para atacar fuerte.
—¿Qué necesita que yo haga por usted ahora?
—Toma este sobre escondido debajo de mi almohada.
Ella sacó un paquete envuelto en plástico negro.
Me lo entregó con mucha seguridad en sus manos.
—Llévalo a la dirección escrita en la portada.
—Es el contacto en la policía que me ayuda.
—Él es un comandante de mucha confianza mía.
—Él tiene la orden de arresto lista mañana.
—Solo necesita el ticket original que tú tienes.
Yo me sorprendí mucho al escuchar ese detalle.
—¿Cómo supo que yo tenía el recibo guardado?
—Puse cámaras ocultas en el despacho hace meses.
—Vi cuando lo sacaste del bote de basura.
—Vi cómo lloraste protegiendo a tu pequeña hija.
—Eres una mujer muy valiente y muy leal.
Yo sentí que las lágrimas volvían a salir libres.
Esta vez eran lágrimas de esperanza y mucha alegría.
Guardé el sobre negro debajo de mi suéter.
A la mañana siguiente el ambiente era muy tenso.
Alejandro vestía un traje gris muy elegante hoy.
Él caminaba de un lado a otro impaciente.
Elena estaba sentada tomando un café muy cargado.
Ella lucía una sonrisa de triunfo muy evidente.
Llevaba un vestido rojo muy provocativo y pegado.
Yo servía el desayuno con las manos firmes.
Había entregado el paquete a la policía ayer.
Todo salió perfectamente bien sin ningún problema grave.
El plan de la señora estaba en marcha absoluta.
El timbre de la casa sonó muy fuerte.
El sonido rompió el silencio de la gran mansión.
Alejandro corrió a abrir la puerta principal rápido.
Era el licenciado Méndez con su maletín negro.
El abogado entró con una expresión muy seria.
—Buenos días, vengo a ver a la señora.
—Por supuesto, ella lo está esperando arriba ahora.
Alejandro lo guio por las largas escaleras oscuras.
Elena y yo fuimos detrás de ellos dos lentamente.
Entramos a la habitación que olía a encierro médico.
Valeria tenía los ojos cerrados y respiraba lento.
Alejandro fingió llorar acariciando su rostro muy pálido.
—Mi amor, el abogado está aquí con nosotros.
—Tienes que firmar los papeles para descansar tranquila.
Él le puso una pluma en la mano derecha.
El abogado sacó los documentos de su maletín pesado.
Eran muchas hojas llenas de letras muy pequeñas.
Valeria abrió los ojos lentamente como con esfuerzo.
Ella firmó el documento con una letra temblorosa.
Una sonrisa perversa apareció en el rostro de Alejandro.
Elena se mordió el labio para no gritar emocionada.
Ellos pensaban que por fin habían ganado todo.
El abogado guardó el documento en su carpeta gruesa.
—El proceso de donación está oficialmente completo hoy.
Alejandro frunció el ceño con mucha confusión evidente.
—¿Donación? Querrá decir mi herencia total, licenciado Méndez.
El abogado lo miró con mucha frialdad ahora.
—No, señor. La señora no le dejó nada.
—Ella donó toda su fortuna a un orfanato.
—Las empresas y esta casa ya no le pertenecen.
El rostro de Alejandro se puso completamente blanco pálido.
—¡Eso es una maldita locura, ella está enferma!
—¡Ella no está en sus cinco sentidos ahora!
De pronto, la voz de Valeria sonó fuerte.
—Estoy más lúcida que nunca en mi vida.
Todos nos giramos a ver la cama médica.
Valeria se estaba quitando los cables del cuerpo.
Ella se levantó y se puso de pie firmemente.
No había debilidad en sus piernas ni dolor.
Alejandro retrocedió chocando contra un mueble de madera.
Elena ahogó un grito cubriendo su boca pintada.
—¿Cómo es posible esto? Tú te estabas muriendo.
Alejandro balbuceaba sin poder creer lo que veía.
—Tu veneno barato no pudo matarme, maldito infeliz.
—Sé de tus asquerosas aventuras con esta cualquiera.
Valeria señaló a Elena con mucho asco evidente.
Elena intentó correr hacia la puerta para escapar rápidamente.
Pero en ese instante entraron cuatro policías armados.
Un oficial alto se puso frente a ellos bloqueando.
—Quedan arrestados por intento de homicidio y conspiración.
—Tenemos el recibo del veneno comprado ilegalmente ayer.
—También tenemos grabaciones de sus conversaciones muy claras.
Alejandro miró a Elena con odio y desesperación.
—¡Ella fue quien compró el veneno por internet!
Elena le dio una bofetada con mucha fuerza brutal.
—¡Tú me obligaste a hacerlo, maldito cobarde mentiroso!
Los policías les pusieron las esposas de metal.
El sonido del acero cerrándose fue música hermosa.
Se los llevaron arrastrando por las escaleras principales.
Sus gritos se perdieron en la calle vacía.
Valeria se acercó a mí con una gran sonrisa.
Me dio un abrazo muy cálido y sincero.
—Gracias por tu valentía, nos salvaste a todos.
Yo lloraba de alivio sintiendo que podía respirar.
Mi hija y yo estábamos a salvo ahora.
La señora me ofreció un trabajo mucho mejor.
Ahora administro la fundación que ayuda a niños enfermos.
Sofía recibe los mejores tratamientos médicos del país.
Alejandro pasará el resto de su vida encerrado.
Elena está en una prisión para mujeres peligrosas.
El karma les cobró cada lágrima que derramé.
Esa fue la venganza más dulce y perfecta.