El fantasma del pasillo

El fantasma del pasillo

El candado hizo un clic seco que sonó bastante fuerte.

Quité el candado pesado y empujé la puerta de madera.

Un olor químico muy fuerte golpeó mi rostro muy asustado.

Era una mezcla de amoníaco y humedad realmente muy asqueroso.

El aire estaba pesado y era muy difícil de respirar.

Comencé a bajar las escaleras de piedra muy lentamente ahora.

Cada escalón gris crujía bajo mis pies de forma aterradora.

Pensé que encontraría un calabozo viejo y también muy sucio.

Pero la realidad me dejó completamente paralizada de mucho asombro.

El sótano estaba iluminado con luces blancas realmente muy brillantes.

Parecía un laboratorio moderno escondido bajo la vieja mansión familiar.

Había mesas largas llenas de tubos de ensayo muy limpios.

Frascos con líquidos de colores burbujeaban en todas las esquinas.

Tres minutos después todo el misterio quedó finalmente muy resuelto.

El sonido constante de un extractor de aire llenaba todo.

Mateo estaba fabricando drogas sintéticas mortales en su propia casa.

Esa era la verdadera fuente oscura de su inmensa fortuna.

Él no era un empresario honesto de una buena familia.

Era un criminal despiadado que se escondía de todos nosotros.

Caminé entre las mesas buscando alguna señal de vida humana.

Mi corazón latía desbocado al ver tanta mercancía ilegal junta.

Al fondo del enorme laboratorio vi algo realmente muy perturbador.

Había una jaula metálica construida contra la pared muy húmeda.

Solo una llamada destruyó mi mundo hace un largo año.

Pero esta visión estaba a punto de romper mi alma.

Dentro de la jaula había un hombre encadenado al piso.

Su ropa estaba totalmente destrozada por el paso del tiempo.

Su cuerpo estaba extremadamente delgado y lleno de feos moretones.

Tenía el cabello muy largo cayendo sobre su rostro sucio.

Corrí hacia la jaula ignorando todo el peligro alrededor mío.

Caí de rodillas frente a los gruesos barrotes metálicos fríos.

Mis manos temblaban mucho mientras agarraba el acero con fuerza.

El prisionero levantó la mirada al escuchar mis fuertes sollozos.

Sus ojos negros y profundos se encontraron con los míos.

Nunca imaginé quién estaba detrás de tanto dolor muy injusto.

Era mi amado Diego después de doce largos meses oscuros.

Estaba vivo pero parecía un fantasma lleno de mucha tristeza.

Su rostro tenía cicatrices horribles que antes no existían ahí.

— ¿Qué dijiste? — murmuró él con una voz realmente muy seca.

Yo no podía articular ninguna palabra clara por el llanto.

— Soy yo, mi amor — respondí llorando de pura desesperación extrema.

Diego retrocedió arrastrándose por el suelo frío del enorme sótano.

— No quería que lo supieras — dijo él bajando la cabeza.

El miedo absoluto en sus ojos me partió el corazón.

— Todo terminó — le aseguré agarrando sus manos realmente muy lastimadas.

Pero eso no era lo peor que yo iba a escuchar.

Diego me explicó su terrible pesadilla con una prisa desesperada.

Él siempre tuvo un talento natural gigante para la química.

Antes de ser jardinero estudiaba en la gran universidad pública.

Mateo descubrió sus conocimientos leyendo sus viejos cuadernos universitarios
ocultos.

El patrón fingió la desaparición para borrar todas sus huellas.

Lo encerró aquí para obligarlo a crear una nueva fórmula.

Querían una droga nueva que fuera imposible de rastrear nunca.

Si Diego se negaba a trabajar recibiría palizas muy brutales.

Yo estaba completamente equivocada sobre el motivo de su secuestro.

Diego no aceptó trabajar por miedo a morir encerrado ahí.

Mateo amenazó con buscarme a mí para matarme muy lentamente.

Le mostró fotos mías caminando sola por el viejo pueblo.

Por eso mi prometido aceptó vivir en este infierno subterráneo.

Sacrificó su valiosa libertad para mantenerme a salvo del monstruo.

Trabajaba día y noche creando veneno para este hombre criminal.

El llanto ahogaba mi garganta al escuchar su enorme sacrificio.

Sentí una rabia salvaje creciendo en mi pecho muy lastimado.

Ya no era la sirvienta sumisa que agachaba la cabeza.

Me levanté del suelo secando mis lágrimas con mucha furia.

Comencé a buscar las llaves de las pesadas cadenas metálicas.

Revolví los cajones de metal con muchísima desesperación muy evidente.

Tiré varios frascos de vidrio al suelo sin importarme nada.

El ruido de los cristales resonó por todo el laboratorio.

Diego me suplicaba llorando que me fuera rápido del lugar.

Decía que Mateo nos mataría a los dos juntos hoy.

Entonces ocurrió algo imposible que nos dejó realmente muy helados.

Las luces blancas del laboratorio parpadearon de una forma violenta.

El ruidoso extractor de aire se detuvo en seco rápidamente.

Un aplauso lento y sarcástico resonó desde las escaleras oscuras.

Alguien bajaba los escalones con una calma realmente muy aterradora.

La sombra alta de un hombre cubrió el pasillo gris.

Era Mateo vestido con una bata negra de seda cara.

Sostenía un arma plateada brillante en su mano derecha firme.

Su sonrisa siniestra mostraba todos sus dientes realmente muy perfectos.

Parte 3

La sangre se congeló por completo en mis venas asustadas.

Mateo soltó una carcajada que resonó en las paredes húmedas.

Él nos miró como un cazador observando presas muy heridas.

Disfrutaba vernos temblar de miedo en su propio escondite secreto.

Levantó el arma apuntando directamente hacia mi cabeza muy asustada.

Diego intentó ponerse de pie para protegerme del disparo mortal.

Pero sus piernas débiles no pudieron sostener su propio peso.

Cayó al piso tosiendo de una forma realmente muy violenta.

El metal de las cadenas hizo un ruido bastante ensordecedor.

Mateo volvió a reír mostrando su maldad más absoluta siempre.

Pero eso no era lo peor de su perverso plan.

Él confesó sonriendo que dejó la llave oxidada a propósito.

Sabía perfectamente que yo estaba espiando desde las cortinas rojas.

Quería que yo bajara al sótano por mi propia cuenta.

Su plan perfecto era asesinarnos a los dos esta noche.

La nueva fórmula química ya estaba completamente terminada desde ayer.

Ya no necesitaba los servicios de mi pobre novio Diego.

Planeaba quemar el laboratorio entero para borrar todas las evidencias.

Diría a la policía que los empleados causaron el incendio.

Yo estaba completamente equivocada si creía poder pedir ayuda pronto.

Nadie dudaría nunca de la palabra del gran heredero millonario.

Nos enterrarían en una fosa común sin nombres reales nuestros.

Mateo dio un paso hacia adelante bajando un poco el arma.

Quería ver de cerca el terror absoluto en mis ojos.

Ese fue su error más grande de toda la noche.

Tres minutos después todo cambió dentro de mi propia cabeza.

Ya no sentía miedo frente a este maldito asesino suelto.

Solo sentía una rabia ardiente recorriendo todas mis venas cansadas.

Me arranqué el delantal blanco de sirvienta con mucha fuerza.

Lo tiré al suelo manchado como símbolo de mi libertad.

Miré fijamente los ojos oscuros de mi cruel torturador millonario.

Pateé una mesa llena de productos químicos realmente muy peligrosos.

Los recipientes cayeron al suelo rompiéndose en mil pedazos pequeños.

Un líquido inflamable se derramó por todo el concreto gris.

Mateo gritó lleno de rabia al ver su mercancía arruinada.

Se distrajo mirando el charco brillante bajo sus zapatos caros.

Solo una llamada destruyó mi mundo hace mucho tiempo atrás.

Pero yo iba a destruir el suyo esta misma noche.

Agarré un extintor rojo que estaba colgado en la pared.

Pesaba muchísimo pero la adrenalina me dio una fuerza extrema.

Corrí hacia Mateo antes de que pudiera levantar el arma.

Lo golpeé con el cilindro metálico directo en el rostro.

El impacto brutal sonó con un eco hueco muy horrible.

El patrón cayó de espaldas soltando su arma plateada brillante.

Su cara estaba cubierta de mucha sangre y gran sorpresa.

La pistola se deslizó lejos entre los charcos muy tóxicos.

Mateo intentó levantarse maldiciendo mi nombre con un gran odio.

Nunca imaginé quién estaba detrás de mi propia valentía oculta.

El piso estaba muy resbaladizo por los líquidos químicos derramados.

Él resbaló y volvió a caer golpeándose la cabeza fuertemente.

Yo corrí hacia la mesa buscando las llaves muy rápidamente.

Encontré un manojo plateado dentro de un cajón medio abierto.

Fui hacia Diego para abrir los candados de sus cadenas.

Mis manos temblaban pero logré liberar sus muñecas muy heridas.

Lo ayudé a ponerse de pie con un cuidado extremo.

Sus brazos delgados se apoyaron en mis hombros con fuerza.

Comenzamos a caminar hacia la escalera de piedra muy gris.

Diego respiraba con mucha dificultad en mi oído derecho caliente.

Yo le susurraba que pronto estaríamos a salvo allá afuera.

Entonces ocurrió algo imposible que casi nos cuesta la vida.

Mateo recuperó la conciencia y empezó a gritar muy histérico.

Sacó un encendedor de plata del bolsillo de su pantalón.

Quería prender fuego al líquido para matarnos a todos juntos.

Prefería morir antes que vernos escapar vivos de su casa.

La chispa del encendedor tocó el líquido químico azul brillante.

Una llama enorme se levantó casi de forma muy inmediata.

El fuego rugió como un monstruo hambriento de mucha destrucción.

La explosión arrojó a Mateo contra la pared del fondo.

Él quedó atrapado en un círculo de fuego muy intenso.

Sus gritos agónicos resonaron por todo el oscuro sótano subterráneo.

El fuego comenzó a consumir todo su maldito imperio criminal.

El calor subía por las escaleras quemando nuestra piel expuesta.

Pero eso no era lo peor de la peligrosa situación.

El humo tóxico empezó a llenar nuestros pulmones muy cansados.

Empujé a Diego hacia arriba con toda mi desesperación acumulada.

Subimos los escalones tosiendo y llorando por el humo ardiente.

Llegamos al pasillo principal del ala sur realmente muy agotados.

Cerré la pesada puerta del sótano de un solo golpe.

El humo negro se filtraba por las rendijas de madera.

Las alarmas de incendio de la mansión empezaron a sonar.

Toda la casa se llenó de un ruido bastante ensordecedor.

Los aspersores del techo comenzaron a rociar agua muy helada.

Caminamos apresurados hacia la salida de la lujosa casa antigua.

Las otras empleadas ya estaban corriendo por el jardín exterior.

Nadie intentó detenernos en medio del caos total tan absoluto.

Yo estaba completamente equivocada al pensar que estábamos muy solos.

Los vecinos del pueblo se acercaban mirando las llamas altas.

El aire fresco de la madrugada golpeó mi rostro sudado.

Llegamos hasta el enorme portón de hierro muy bien oxigenados.

Nos dejamos caer en el pasto húmedo y muy frío.

Las llamas naranjas comenzaron a salir por las ventanas altas.

El fuego devoraba la maldita mansión con una furia incontrolable.

Tres minutos después todo el techo colapsó con muchísima violencia.

Las sirenas de los camiones de bomberos sonaban muy cerca.

La policía estatal llegaría en muy pocos minutos más tarde.

Teníamos todas las pruebas necesarias para contar nuestra gran verdad.

Yo había robado un cuaderno de notas del laboratorio secreto.

Lo guardé en mi bolsillo antes de subir las escaleras.

Ahí estaban todas las fórmulas y los clientes de Mateo.

El monstruo había recibido el peor castigo de todos hoy.

Su propia maldad lo consumió hasta dejarlo en puras cenizas.

Nunca imaginé quién estaba detrás de mi propia felicidad recuperada.

Diego tomó mi mano sucia y la besó muy suavemente.

Sus lágrimas mojaron mi piel llena de mucho hollín oscuro.

Me miró con esa ternura que tanto había extrañado siempre.

Sacó de su bolsillo mi viejo anillo de plata barata.

Me lo puso en el dedo con un cuidado extremo.

El brillo del metal contrastaba con toda la gran tragedia.

Ya nadie podría lastimarnos nunca más en nuestra nueva vida.

Abracé a Diego sintiendo los latidos fuertes de su corazón.

El sol comenzó a salir iluminando el cielo de colores.

Nuestra horrible pesadilla en este pueblo por fin había terminado.

Dejamos atrás las ruinas humeantes de nuestro mayor dolor vivido.

Ahora éramos libres para construir nuestra soñada casa muy blanca.

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