Envidia por las notas

Envidia por las notas

A la hora del recreo busqué a mi hermana.

Caminé por los pasillos buscando su inconfundible cabello rubio.

Ella estaba tomando agua en la cafetería del colegio.

Estaba rodeada de otras maestras que reían con ella.

Me acerqué con los papeles escondidos en mis manos.

—Valeria, necesito hablar contigo en privado en este momento.

Mi voz sonó mucho más firme de lo esperado.

Ella rodó los ojos con muchísimo fastidio y desprecio.

—Estoy ocupada, Elena, ve a molestar a otro lado.

—Se trata de Mateo y sus exámenes escolares perfectos.

La cara de mi hermana perdió todo el color.

Su sonrisa falsa desapareció de su rostro de inmediato.

Me tomó del brazo izquierdo con una fuerza brutal.

Sus uñas largas se clavaron en mi piel blanca.

Me jaló hacia un salón de clases totalmente vacío.

Cerró la puerta de madera con seguro muy rápidamente.

—¿Qué demonios estás diciendo, pequeña idiota sin cerebro?

Ella me gritó muy cerca de la cara asustada.

—Sé que le estás pasando las respuestas a tu hijastro.

Yo saqué la libreta verde de mi bolsa negra.

Le mostré la pequeña nota con su letra manuscrita.

Valeria me arrebató el cuaderno de las manos violentamente.

Sus ojos brillaban con una furia que nunca vi.

—No tienes idea de lo que estás haciendo, Elena.

—Él plagió su ensayo final y voy a reprobarlo.

—Tú no vas a reprobar a nadie en este colegio.

Valeria sonrió con una maldad que me asustó mucho.

—Arturo me dejará si su hijo no entra a la universidad.

—Ese no es mi problema, Valeria, es un plagio.

—Si abres la maldita boca, me encargaré de destruirte.

—No puedes hacerme nada peor de lo que ya haces.

Yo estaba completamente equivocada en ese preciso momento.

Valeria caminó hacia el escritorio del profesor muy rápido.

Tomó mis hojas de evaluación de las prácticas docentes.

Esos papeles eran indispensables para obtener mi título universitario.

Las rompió por la mitad frente a mis ojos.

El sonido del papel rasgándose me rompió el corazón.

—Yo firmo tu liberación de prácticas hoy mismo, hermanita.

Ella tiró los pedazos de papel al bote de basura.

—Si hablas, jamás serás maestra en ninguna parte de México.

El miedo me congeló las piernas por completo entonces.

Necesitaba ese título para poder sobrevivir económicamente este año.

Valeria salió del salón con una gran sonrisa victoriosa.

Me dejó ahí parada llorando de pura impotencia absoluta.

Pasaron tres días llenos de muchísima tensión y miedo.

Yo fingí que no había pasado absolutamente nada malo.

Dejé que Mateo conservara su calificación perfecta sin quejarme.

Pero la culpa me estaba comiendo viva por dentro.

El viernes era el cumpleaños de mi hermana Valeria.

Ella organizó una cena enorme en su gran mansión.

Tuvo que invitarme por obligación frente a mis padres.

Yo llegué a la enorme casa sintiéndome muy incómoda.

La mansión era ridículamente grande y muy ostentosa.

Había meseros vestidos de blanco sirviendo champaña por todas partes.

Arturo presumía a Valeria ante todos sus socios ricos.

Yo me quedé en un rincón bebiendo agua mineral.

Mi estómago gruñía pero no quería probar ningún bocado.

Después de un rato necesité usar el baño urgente.

Subí las escaleras de mármol blanco con mucho cuidado.

Los escalones brillaban bajo la luz de los candelabros.

Me equivoqué de puerta al final del pasillo largo.

Entré al cuarto que parecía ser el estudio personal.

Había muchas cajas de mudanza viejas en una esquina.

El cuarto olía a polvo y a papel guardado.

Una de las cajas estaba abierta por la mitad.

Vi algo brillante asomarse entre unos papeles muy viejos.

Era una pequeña caja de madera tallada a mano.

Nunca imaginé quién estaba detrás de mi mayor dolor.

Abrí la caja sin pensar en las terribles consecuencias.

Adentro había fotos viejas y un diario muy gastado.

El diario azul tenía el nombre de Valeria escrito.

La página estaba marcada con un pequeño separador rojo.

La curiosidad volvió a dominar mis acciones por completo.

Empecé a leer la fecha de la página marcada.

Era el mismo día de mi examen de admisión.

El día que cambió mi destino para siempre.

PARTE 3

Hace cinco años perdí mi oportunidad en la universidad.

Ese día me quedé encerrada en mi propio cuarto.

La chapa de mi puerta se había trabado sola.

Nadie pudo abrirla hasta que fue demasiado tarde.

Perdí el examen más importante de toda mi vida.

Mis sueños de estudiar medicina se rompieron en pedazos.

Tuve que estudiar educación en una escuela mucho más barata.

Mis padres siempre me culparon por ser tan descuidada.

Ellos me dijeron que yo había arruinado mi futuro.

Pero lo que leí en ese diario rompió mi alma.

Mis ojos repasaban las letras manchadas de tinta azul.

El corazón me latía tan fuerte que casi lastimaba.

La confesión de mi hermana estaba ahí claramente escrita.

Yo leí la primera línea y dejé de respirar.

"Hoy encerré a Elena en su cuarto por fin."

Yo leí esa simple oración tres veces seguidas llorando.

"Le puse pegamento a la cerradura desde afuera temprano."

Mis manos empezaron a sudar de manera incontrolable ahora.

"Ella iba a sacar mejor puntaje que yo seguro."

"Mis padres no podían ver que ella es más inteligente."

"Yo tengo que ser siempre la hija perfecta aquí."

"Fue tan fácil arruinarle la vida esta misma mañana."

Sentí que el cuarto entero daba muchísimas vueltas rápidas.

Tuve que apoyarme en el escritorio para no caerme.

Todos estos años viví sintiéndome una basura totalmente inútil.

Lloré tantas noches oscuras pensando que fue mi culpa.

Soporté las burlas de mi familia por mi fracaso.

Mis padres me quitaron su apoyo económico por eso.

Todo mi sufrimiento fue planeado por mi propia sangre.

Ella construyó su éxito pisando mi cuello sin piedad.

Una furia caliente y muy oscura llenó mi pecho.

El dolor profundo se transformó en odio puro al instante.

Seque mis lágrimas con la manga de mi blusa.

Ya no me importaban mis prácticas ni el maldito colegio.

Solo quería ver a Valeria arder hasta las cenizas.

Tomé el diario azul y lo escondí en mi chamarra.

También tomé las copias del examen de Mateo.

Salí del estudio cerrando la puerta con mucho cuidado.

Bajé las escaleras de mármol con pasos muy firmes.

El miedo había desaparecido de mi cuerpo por completo.

La fiesta estaba en su momento más alegre abajo.

La música clásica sonaba por las bocinas muy fuerte.

Arturo estaba dando un brindis por su hermosa esposa.

Él hablaba de la honestidad y valores de Valeria.

Decía que ella era el pilar moral de su familia.

Todos los invitados elegantes aplaudían con muchísimo entusiasmo.

Mateo estaba sentado jugando con su teléfono celular caro.

Caminé directamente hacia el centro de la enorme sala.

Mis zapatos hacían ruido sobre el piso de madera.

El silencio cayó sobre todos los presentes de repente.

Solo una acción destruiría mi mundo para siempre hoy.

—Disculpen la terrible interrupción de este hermoso discurso familiar.

Mi voz sonó muy fuerte y segura de sí misma.

Valeria me miró con los ojos muy abiertos asustada.

Ella notó la forma extraña de mi chamarra negra.

Su rostro se puso más blanco que una hoja.

—Elena, por favor ve a la cocina ahora mismo.

Valeria intentó sonreír para disimular su enorme pánico interno.

Ella caminó hacia mí para intentar sacarme del salón.

—Creo que Arturo debería conocer a su esposa real.

Yo di un paso atrás esquivando sus manos temblorosas.

Saqué el ensayo copiado de Mateo primero que nada.

Lo dejé caer sobre la gran mesa de cristal.

—Tu hijo reprobó el semestre por cometer plagio, Arturo.

El empresario millonario frunció el ceño muy confundido.

Los invitados empezaron a murmurar cosas en voz baja.

—¿De qué estás hablando, Elena, estás borracha esta noche?

Arturo se acercó a la mesa mirando los papeles.

—Mi hermana le está pasando las respuestas de todo.

Saqué la libreta verde con la nota de Valeria.

Se la entregué directamente en las manos a Arturo.

Él tomó la libreta con mucha duda y confusión.

Reconoció la letra perfecta de su esposa de inmediato.

Su rostro se puso completamente rojo de pura furia.

Las venas de su cuello saltaron por el enojo.

—Tú dijiste que Mateo estaba estudiando contigo siempre, Valeria.

La voz de Arturo era un rugido muy aterrador.

Mateo dejó de jugar con su celular muy asustado.

Valeria empezó a temblar frente a sus amigas ricas.

—Es mentira, Arturo, ella me tiene envidia desde siempre.

Valeria intentó abrazarlo pero él la empujó muy lejos.

Ella cayó al piso rompiendo una copa de cristal.

—Pero esa es solo la mitad del espectáculo, cuñado.

Yo saqué el diario viejo de mi chamarra escondida.

Caminé hacia mis padres que estaban en un rincón.

Ellos me miraban con caras de total y absoluto espanto.

Mi madre tenía las manos en el pecho asustada.

—¿Recuerdan el día que perdí mi examen de admisión?

Abrí la página del diario frente a sus ojos.

Señalé la hoja manchada con tinta azul muy clara.

—Su hija perfecta confesó cómo me encerró a propósito.

Mi madre se tapó la boca soltando un grito.

Mi padre tomó el libro con sus manos temblorosas.

Él se acomodó los lentes para poder leer mejor.

Leyó el párrafo escrito en voz muy alta.

La voz de mi padre se quebró de pura tristeza.

Cada palabra era un clavo en el ataúd de Valeria.

El silencio en la casa era verdaderamente sepulcral ahora.

Valeria seguía de rodillas sobre la alfombra muy cara.

Empezó a gritar como una verdadera loca totalmente desquiciada.

El maquillaje se le escurría por toda la cara.

—¡Lo hice porque yo merecía brillar mucho más que tú!

Ella confesó su horrible crimen llorando frente a todos.

Golpeó el piso con sus puños llenos de rabia.

—¡Tú siempre fuiste una mosca muerta sin ningún chiste!

Arturo la miró con absoluto asco y mucho desprecio.

No había ni una gota de amor en sus ojos.

—Quiero el maldito divorcio mañana mismo a primera hora.

El millonario tomó a su hijo del brazo bruscamente.

—Ustedes dos se largan de mi casa esta misma noche.

No quiero ver tus cosas aquí mañana en la mañana.

Valeria intentó agarrarle los zapatos suplicando perdón entre lágrimas.

Pero Arturo la pateó lejos sin ninguna piedad hoy.

Los invitados empezaron a irse murmurando cosas entre ellos.

Mis padres miraban a Valeria con una profunda decepción.

Ellos se acercaron a mí pidiendo perdón llorando mucho.

Mi madre intentó abrazarme con todas sus fuerzas.

Pero yo solo di un paso hacia atrás fríamente.

Me di la media vuelta sin decir una palabra.

Caminé hacia la salida de esa gran casa maldita.

El aire frío de la noche me golpeó la cara.

Por primera vez en años pude respirar con libertad.

Sentí que me quitaban unas cadenas pesadas de hierro.

Valeria perdió su matrimonio de oro esa misma noche.

Arturo la dejó en la calle sin un peso.

Perdió su prestigio como maestra en el colegio caro.

El director la despidió cuando supo del terrible plagio.

Su nombre quedó manchado en todas las escuelas privadas.

Ella terminó viviendo en un cuarto de azotea sucio.

Su mente se rompió por completo al perderlo todo.

Dicen que ahora habla sola caminando por las calles.

Yo conseguí un trabajo en una escuela pública pequeña.

El director del otro colegio me dio mi título.

No gano mucho dinero pero duermo muy tranquila siempre.

Mis alumnos me quieren mucho y me respetan diariamente.

El karma se cobró cada lágrima que yo derramé.

La sombra perfecta por fin encontró su luz propia.

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