Congelando recuerdos

Congelando recuerdos

Pero yo tenía un plan perfecto formándose en mi mente ya clara. La única forma
de atraparla era volver al lugar de los hechos. Tenía que llevarla al acantilado
donde empezó toda esta horrible pesadilla.

—Valeria, amor, el doctor sugirió que hagamos un viaje corto para relajarme. —Me
parece una idea maravillosa, mi vida, ¿a dónde quieres ir exactamente? —Quiero
ir a la costa, quiero ver el mar y tomar fotografías nuevas.

Ella dudó por un momento, sus ojos buscaron alguna trampa en mí. Pero mi mirada
vacía y mi sonrisa tonta la convencieron muy rápido. Pensó que yo era un idiota
que no recordaba nada de su pasado.

Nunca imaginó quién estaba realmente detrás de esta inocente petición de viaje.

—Está bien, Mateo, iremos a la costa este mismo fin de semana. —Gracias, amor,
creo que el aire del mar me hará mucho bien. —Yo prepararé las maletas y todo lo
necesario para nuestro viaje especial.

El viernes por la mañana, subimos a su coche sedán color gris. El clima estaba
terrible, una tormenta se acercaba rápidamente por el horizonte. Las nubes
negras cubrían todo el cielo de la carretera hacia la costa.

El silencio en el coche era denso, casi se podía cortar con tijeras. Valeria
conducía con las manos apretadas fuertemente en el volante de cuero. Yo miraba
por la ventana, con mi cámara lista en mis manos.

Llegamos al viejo faro abandonado después de tres horas de largo camino. El
sonido de las olas chocando contra las rocas era muy violento. El viento frío
golpeaba nuestros rostros al bajar del coche gris.

Entonces ocurrió algo que aceleró mi corazón a mil por hora.

Caminamos por el sendero de tierra mojada hacia el borde del acantilado. Este
era el lugar exacto donde mi vida anterior fue destruida cruelmente. La lluvia
empezó a caer en gotas gruesas y muy frías sobre nosotros.

—No te acerques mucho a la orilla, Mateo, es muy peligroso hoy. —Aquí fue donde
perdí mi memoria, ¿verdad, Valeria? Aquí fue el accidente. —Sí, mi amor, te
resbalaste con las rocas mojadas y caiste muy fuerte.

Me detuve a un metro del precipicio y miré hacia el fondo oscuro. El mar rugía
con una furia que parecía exigir sangre y justicia divina. Me di la vuelta
lentamente y la miré directamente a sus ojos.

—Tú me empujaste, Valeria, y también empujaste a Elena al mar profundo. —¿Qué
estupideces estás diciendo ahora, Mateo? ¡Vámonos al coche de inmediato! —Ya no
estoy enfermo, Valeria. Lo recuerdo absolutamente todo desde hace meses.

Tres palabras destruyeron su mundo perfecto en un solo segundo.

Su rostro se puso completamente blanco como una hoja de papel nuevo. Dio un paso
hacia atrás, resbalando un poco en el lodo mojado. La lluvia empapaba su
cabello, haciéndola lucir como un monstruo muy asustado.

—Tú estabas enamorada de mí en secreto desde la universidad, yo lo sé. —Tú eras
mío, Mateo, Elena no te merecía en absoluto, era una estúpida. —¡Así que la
mataste! ¡La empujaste por este mismo acantilado sin piedad alguna!

Ella empezó a reír como una verdadera desquiciada bajo la lluvia fuerte. El
sonido de su risa se mezclaba con el trueno en el cielo. Se acercó a mí con una
mirada llena de locura y mucho odio.

—¡Sí! ¡Yo la empujé al maldito mar porque ella se interponía entre nosotros!
—¡Tú eres un monstruo, Valeria! ¡Destruiste mi vida y mataste a mi
prometida! —¡Y luego te empujé a ti para que olvidaras todo y fueras mío!

Pero eso no era lo peor de toda esta trágica historia.

—Cuidarte durante tres años fue mi premio por ser tan inteligente y valiente.
—Me mantuviste drogado con pastillas para que nunca recuperara mis recuerdos
reales. —Pero ahora lo sabes todo, mi amor, y eso es un gran problema.

Ella metió la mano en el bolsillo de su abrigo negro mojado. Sacó un cuchillo de
cacería con una hoja de metal muy brillante. Quería terminar el trabajo que
empezó hace tres años en este lugar.

—Nadie va a creerle a un fotógrafo loco con daño cerebral severo, Mateo. —Te
equivocas, Valeria, esta vez yo vine muy bien preparado para esto. —¿De qué
hablas, idiota? ¡Estamos solos en medio de la nada absoluta!

Yo levanté mi cámara fotográfica y le mostré la pequeña luz roja parpadeando. No
estaba tomando fotos, estaba grabando un video en alta resolución constante. El
micrófono oculto en mi chaqueta había capturado cada una de sus palabras.

Solo una jugada maestra podía hacer que el asesino cayera en la trampa.

—Grabé toda tu confesión en audio y video, Valeria, todo está aquí guardado.
—¡Dame esa cámara ahora mismo o te mato aquí mismo como a ella! —Es demasiado
tarde para ti, el video ya se envió automáticamente a la nube.

De repente, el sonido de las sirenas cortó el ruido de la tormenta. Tres
patrullas de policía con luces rojas y azules rodearon el viejo faro. Yo había
coordinado todo con el detective del caso abierto de Elena.

Los oficiales bajaron de sus patrullas apuntando sus armas hacia nosotros
rápidamente. —¡Suelte el arma, señora! ¡Tire el cuchillo al suelo ahora mismo,
hágalo! Valeria miró el cuchillo en su mano y luego miró mi rostro frío.

El pánico se apoderó de ella al ver que no tenía ninguna salida. Soltó el
cuchillo, que cayó al lodo haciendo un ruido muy sordo. Cayó de rodillas
llorando desconsoladamente mientras los oficiales le ponían las esposas frías.

Nunca imaginó que el hombre enfermo que manipuló sería su peor pesadilla.

Se la llevaron arrastrando hacia la patrulla bajo la lluvia torrencial
incesante. Me quedé solo en el borde del acantilado, mirando las olas furiosas
romper. Saqué el anillo de compromiso de Valeria y lo lancé al mar profundo.

El detective se acercó a mí y puso su mano en mi hombro. —Todo terminó, Mateo,
ella pasará el resto de su vida en la cárcel. —Gracias, oficial, por fin Elena
tendrá la justicia que tanto se merecía.

Regresé a mi estudio en la ciudad tres días después del gran arresto. El lugar
se sentía vacío, silencioso y lleno de recuerdos muy dolorosos. Limpié todas las
cosas de Valeria y las tiré directamente a la basura.

Fui al cuarto oscuro para revelar el último carrete de mi cámara. Sumergí el
papel en el líquido con mis manos cansadas y muy frías. La imagen que apareció
me sacó una lágrima cargada de pura tristeza.

Esta vez no había fantasmas ocultos ni secretos oscuros en mi fotografía.

Era una foto de Elena sonriendo en nuestro último viaje a la playa. Ella estaba
hermosa, llena de vida y con los ojos muy brillantes. Yo había recuperado mi
memoria desde hace seis largos y dolorosos meses.

Soporté vivir con la asesina de mi verdadero amor para poder hacer justicia.
Cada beso, cada caricia de Valeria fue un veneno para mi propia alma. Pero ahora
el ciclo estaba cerrado, el monstruo estaba encerrado para siempre jamás.

Tomé la foto de mi Elena y la pegué en la pared principal. No buscaría a nadie
más en esta vida que me queda por delante. Decidí vivir completamente solo,
abrazando los recuerdos congelados de mi único amor verdadero.

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