Pantalla Apagada

Pantalla Apagada

PARTE 3

Él no me odiaba por ser la estudiante más destacada de la generación. Él sabía
perfectamente que mi enorme éxito era prácticamente mi propia sentencia de
muerte. Tuvo que tomar una decisión imposible para protegerme de ese grupo de
criminales.

Mateo ensució mi nombre a propósito para volverme indeseable para esos poderosos
hombres. Al hacerme quedar como una simple plagiadora fraudulenta, me
descartaron de sus listas de inmediato. Los millonarios jamás contratarían a una
alumna envuelta en un escándalo público de robo.

Él me botó a la basura social para salvarme de una vida de esclavitud. Sacrificó
nuestra hermosa amistad para asegurarse de que yo pudiera escapar del campus
ilesa. Me dolió en el alma darme cuenta del inmenso peso de su enorme amor.

Sin embargo, el último audio contenía una despedida que me paralizó de terror.

Mateo explicaba que el sistema de la escuela requería obligatoriamente un
candidato excelente anual. Al yo quedar fuera del juego, el segundo lugar
pasaría automáticamente a la mira. Él había tomado mi lugar como el estudiante
número uno de la generación.

Ahora él era el nuevo objetivo principal de esa despiadada y oscura red. Se
había quedado en la universidad para enfrentar a esos monstruos él solo. Su plan
era recolectar más pruebas desde adentro hasta que lo descubrieran
inevitablemente.

Mis lágrimas comenzaron a caer sin control sobre la pantalla de cristal roto.
Tiré las cajas de cartón al piso y salí corriendo de la habitación vacía. Tomé
las llaves de mi auto viejo que estaba estacionado afuera del edificio.

Manejé de regreso al campus bajo la tormenta eléctrica más fuerte del año. Las
llantas patinaban en el pavimento mojado mientras yo aceleraba sin importar el
riesgo. Tenía que sacar a mi amigo de ese lugar maldito esta misma noche.

El miedo a llegar demasiado tarde me consumía la energía por completo.

Llegué al dormitorio de hombres completamente empapada y con el corazón en la
garganta. El pasillo estaba oscuro y silencioso como si fuera un cementerio
abandonado. La puerta de la habitación de Mateo estaba sin seguro y medio
abierta.

Entré despacio buscando alguna señal de lucha o de su presencia en el lugar. Las
luces estaban apagadas pero la pantalla de su computadora seguía encendida
brillando. Él estaba sentado en el suelo rodeado de papeles y discos duros
portátiles.

Se sobresaltó al escuchar mis pasos húmedos sobre la alfombra de la entrada.
Levantó la vista y vi que tenía un moretón enorme en el pómulo derecho. Alguien
ya había empezado a presionarlo para que firmara los oscuros contratos
laborales.

Me acerqué a él sin importarme ensuciar el piso con mis zapatos mojados.

— Te dije claramente que no volvieras nunca por aquí. — Eres el idiota más
grande del mundo, Mateo. — Tenías que estar a salvo lejos de esta gente.

Me arrodillé frente a él y lo abracé con todas mis fuerzas disponibles. Él
sollozó en mi hombro dejando caer la máscara de chico rudo y calculador. Le
mostré el teléfono viejo que me había dejado como pista final.

Le dije que íbamos a filtrar toda la evidencia juntos en este momento. No iba a
permitir que se hundiera solo en este infierno por mi culpa. Teníamos las
grabaciones originales, los documentos falsos y los contratos de las empresas
fantasma.

Conectamos su computadora a la red privada virtual que yo usaba para transmitir.
Subimos todos los archivos de audio y fotografías a mi canal de seguidores
fieles. Programé un envío masivo de correos a los periódicos más importantes del
país entero.

La información confidencial explotó en el internet en cuestión de muy pocos
minutos.

La verdad se volvió viral antes de que los directivos pudieran reaccionar al
ataque. Mis seguidores compartieron los audios miles de veces creando una
tendencia nacional imparable. El escándalo sacudió los cimientos de la élite
educativa de toda la ciudad capital.

La policía federal llegó a la universidad esa misma madrugada con órdenes de
cateo. Vimos desde lejos cómo arrestaban al director y a varios profesores del
consejo académico. Las patrullas iluminaron la noche con sus luces rojas y
azules parpadeantes.

Escapamos por la puerta trasera del campus antes de que comenzaran los intensos
interrogatorios. Caminamos bajo la lluvia sintiendo que nos habíamos quitado
toneladas de peso de encima. Nuestras manos estaban entrelazadas fuertemente
como cuando éramos unos simples niños del barrio.

Han pasado ya dos largos años desde aquella noche de locura y caos total.

El antiguo director está en una prisión de máxima seguridad cumpliendo su larga
condena. La universidad fue clausurada y el gobierno investiga a los millonarios
que estaban involucrados. Nosotros logramos limpiar nuestros nombres después de
varios juicios muy cansados y mediáticos.

Mateo y yo nos mudamos a una pequeña casa cerca de una playa tranquila. Ya no
busco ser la estudiante número uno de ninguna institución en el mundo. Aprendí
que el éxito académico no vale nada si pierdes tu propia libertad personal.

Mi amigo trabaja reparando computadoras y yo sigo creando contenido de forma
honesta. Ahora transmito sin usar una máscara negra para ocultar mi rostro ante
la cámara. Solo quiero que nuestra pantalla siga encendida, mostrando la verdad
que logramos salvar juntos.

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