La Contraseña
PARTE 3
Valeria miró la pequeña caja de madera rústica con evidente decepción y
muchísimo desprecio. Esperaba una joya brillante, un reloj de marca o boletos
para un viaje exótico. Levantó la mirada hacia mí, con los ojos llenos de puro y
amargo resentimiento.
— ¿Qué es esta basura, Mateo? ¿Otra de tus artesanías sin ningún valor real
económico? — Ábrela, Valeria, te prometo que es exactamente lo que te mereces
hoy por completo. — No voy a abrir esta porquería barata en nuestro quinto
aniversario de bodas importante.
En ese preciso momento, tocaron fuertemente a la puerta de nuestro pequeño
apartamento familiar. Era Mauricio, vestido con un traje caro y fingiendo una
sonrisa amable y falsa. Dijo que venía a pedir un poco de azúcar para su café
matutino urgente.
Era una excusa patética y ridícula para ver a mi esposa antes de irse. Valeria
se acercó a la puerta, dejando la caja sobre la pequeña mesa redonda. Su actitud
cambió de repente, se volvió muy dulce y sumisa ante nuestro vecino.
El destino me tenía preparada una sorpresa macabra que yo aprovecharía al máximo
ahora.
Mauricio miró la caja de madera rústica y soltó una pequeña risa burlona
insoportable. Se acercó a la mesa con arrogancia, fingiendo interés en el pobre
regalo mío. Me miró con superioridad, creyendo que él era el ganador absoluto de
esta historia.
— Vaya, Mateo, parece que este año no te alcanzó el presupuesto mensual para
regalos. — Mauricio, por favor, sabes que él solo puede dar regalos baratos y
muy tristes. — Deberías enseñarle a tratar a una mujer hermosa como tú con
verdaderos lujos caros.
Valeria tomó la caja de madera y, sin abrirla, la tiró al cesto directamente. El
sonido de la madera golpeando el plástico resonó en toda la cocina silenciosa.
Mauricio sonrió con arrogancia pura, disfrutando la humillación que mi esposa me
estaba haciendo.
Yo me quedé callado, observando la grotesca escena con una calma casi
espeluznante. No sentí tristeza, solo una satisfacción fría y calculadora
corriendo por todas mis venas. Saqué mi teléfono celular del bolsillo y abrí mi
aplicación de control maestro secreta.
Nadie podría haber anticipado lo que sucedió después en esa misma habitación tan
tensa.
Con un solo toque rápido, bloqueé las cerraduras electrónicas de la puerta
principal inmediatamente. Un fuerte sonido metálico indicó que nadie podía
entrar ni salir de allí jamás. Mauricio frunció el ceño, confundido por el ruido
inesperado en la puerta principal nuestra.
Las luces de la pequeña sala se apagaron de golpe, creando una oscuridad total.
La pantalla del televisor de ochenta pulgadas se encendió con un brillo muy
cegador. El sistema de sonido envolvente se activó al máximo volumen permitido
por los altavoces.
No había imágenes en pantalla, solo una línea de onda de audio verde brillante.
La voz de Valeria llenó el apartamento con una claridad absoluta y muy cruel.
"Cállate, Mauricio, no hables de ese perdedor inútil ahora mismo... Pronto lo
dejaré abandonado".
Los jadeos asquerosos de ambos resonaron por toda la sala, rebotando en cada
pared. Valeria dio un paso atrás, pálida como un fantasma, cubriéndose la boca
muy temblorosa. Mauricio intentó abrir la puerta principal desesperadamente,
pero el sistema informático lo rechazó violentamente.
Pronto descubriría que mi ingenuidad era mi condena pero su traición sería su
ruina.
Yo caminé lentamente hacia el televisor grande y detuve el audio con un botón.
El silencio que siguió fue tan pesado que casi podía cortarse con un cuchillo.
Miré a los dos cobardes que temblaban frente a mí en la sala oscura.
— ¿Qué significa esto, Mateo? ¿Nos estabas espiando en nuestra propia casa todo
este tiempo? — No, Valeria. Mi casa simplemente detectó tu corazón acelerado por
la infidelidad cobarde asquerosa. — Mateo, te lo juro, esto es un error
terrible, no es lo que parece.
Caminé hacia el cesto de la basura sucia y saqué la pequeña caja rústica. La
abrí lentamente frente a los ojos aterrorizados de mi esposa y su amante. Saqué
las llaves doradas brillantes y el título de propiedad de la nueva mansión.
El nombre impreso en el documento legal decía claramente Valeria y Mateo en
grande. El precio de compra, varios millones de dólares, estaba visible en la
primera página. Valeria leyó los papeles desde lejos y sus piernas parecieron
perder toda fuerza vital.
El golpe final debía ser sumamente rápido y sin ninguna piedad para estos
traidores.
Rompí el documento millonario en dos pedazos exactos y guardé las llaves del
lugar. Saqué un sobre amarillo de mi maletín de cuero y lo tiré al piso. Eran
los papeles del divorcio definitivo, ya firmados por mí con tinta negra
indeleble.
Desbloqueé la puerta principal desde mi teléfono celular y la abrí de par en
par. Señalé el pasillo exterior con una mirada que no admitía ninguna réplica o
excusa. Valeria cayó de rodillas al suelo, llorando lágrimas negras manchadas
con su maquillaje barato.
— El apartamento es mío, tienen una hora para sacar todas sus cosas sucias hoy.
— Mateo, por favor, perdóname, no sabía lo que estaba haciendo, fui una
completa idiota. — Disfruta a tu vecino millonario insolvente, porque de mí no
obtendrás un centavo más.
Salí del apartamento moderno, sintiendo cómo el aire fresco llenaba mis pulmones
de paz. Detrás de mí, los gritos histéricos de Valeria resonaban por todo el
pasillo oscuro. La escuché pelear a golpes con Mauricio, culpándose mutuamente
por haber arruinado todo.
Yo caminé hacia mi auto deportivo, encendí el motor potente y arranqué sin
dudarlo. Conducí hacia mi nueva mansión gigante, listo para empezar una vida de
paz verdadera. El dolor profundo se quedó en ese apartamento, junto con la
basura que lo habitaba.