El vestido manchado de sangre
Caminé entre la multitud buscando el camerino VIP de mi hermana. Nadie se dio
cuenta de mi presencia porque todos estaban muy ocupados. Encontré la puerta de
madera blanca que tenía una estrella dorada.
Empujé la puerta con toda la fuerza que me quedaba en los brazos. Ahí estaba
ella sentada frente al gran espejo lleno de luces. Llevaba puesta una bata de
seda negra y retocaba su labial rojo.
A su lado estaba colgado mi vestido principal en un maniquí negro. Camila me
miró a través del espejo sin mostrar ninguna sorpresa real. Se giró lentamente y
cruzó las piernas con una arrogancia insoportable.
— ¿Qué haces aquí, Valeria? — preguntó con un tono frío y burlón. — Me robaste,
me drogaste en mi propia casa — respondí con rabia pura. — No seas dramática,
solo tomé lo que me pertenece por justicia.
Ella soltó una carcajada corta y se acomodó el cabello rubio. Yo apreté los
puños sintiendo que las uñas se clavaban en mi piel. Quería golpearla en la
cara, pero tenía que mantener la cabeza fría.
— Esos diseños son míos y me costaron seis meses de trabajo duro. — Tú eres una
sombra aburrida, yo soy la verdadera estrella aquí. — Eres una ladrona, una
mentirosa y una serpiente venenosa sin remedio.
Entonces ocurrió algo imposible que me dejó sin aliento por un segundo. Ella
sacó unos documentos legales falsificados de su costosa bolsa de diseñador. Me
los lanzó a la cara con un gesto de supremo desprecio.
Había registrado todos mis bocetos a su nombre esta misma tarde. Usó a sus
contactos corruptos para robarme legalmente toda la colección. Yo no podía hacer
nada para detener el desfile en este momento.
— El mundo sabrá que soy una genio del diseño hoy mismo. — Acéptalo de una vez,
hermanita, yo siempre te gano en todo. — Ahora lárgate de mi camerino antes de
que llame a la seguridad.
Yo la miré fijamente a los ojos durante unos largos segundos tensos. No derramé
ni una sola lágrima frente a su rostro tan cínico. Una calma helada se instaló
en el centro de mi pecho lastimado.
Solo una llamada destruyó mi mundo, pero yo destruiría el suyo pronto. Me di
media vuelta y salí del camerino en absoluto silencio. El verdadero espectáculo
estaba a punto de comenzar allá afuera.
PARTE 3
Caminé por el largo pasillo oscuro hacia la zona del público principal. La
música electrónica retumbaba en las paredes haciendo vibrar el suelo entero. El
recinto estaba completamente lleno de celebridades y críticos de moda famosos.
Me senté en la primera fila de los asientos VIP muy tranquilamente. Un hombre
vestido con un traje gris estaba sentado justo a mi lado. Él me miró fijamente a
los ojos y asintió de manera muy discreta.
Nadie más notó ese pequeño intercambio de miradas entre nosotros dos. El show
estaba llegando a su punto culminante y más esperado. Camila creía firmemente
que había ganado esta guerra y me había humillado.
Pero ella ignoraba el inmenso secreto que ocultaban mis hermosos diseños
robados. Yo llevaba varias semanas vigilando sus movimientos falsos y sus
mentiras constantes. Había descubierto a qué se dedicaba realmente cuando
viajaba al extranjero sola.
Los patrones geométricos bordados en el vestido rojo no eran simple arte. Eran
códigos encriptados que revelaban rutas completas de lavado de dinero sucio.
Pertenecían a un cártel muy peligroso del norte del país entero.
Yo encontré una libreta escondida en su cuarto hace un mes exacto. Ahí anotaba
las cuentas bancarias de los mafiosos para los que trabajaba. Ella usaba su fama
internacional para mover millones de dólares sin sospechas.
Decidí usar mi propio talento para crear la trampa más perfecta posible. Bordé
todos esos números y rutas secretas en la seda del vestido. Sabía perfectamente
que su avaricia la obligaría a robarme la colección completa.
Yo misma dejé el sobre rojo a la vista para tentarla fácilmente. Le envié un
correo anónimo a la policía federal esta misma mañana. Les entregué la clave
secreta para descifrar los bordados del traje rojo.
Las luces del gran escenario se apagaron de golpe creando mucho suspenso. Una
sola luz blanca iluminó el inicio de la pasarela de cristal. El público guardó
un silencio expectante mientras la música cambiaba de ritmo.
Camila salió caminando con una seguridad aplastante que deslumbraba a todos. El
vestido rojo se ajustaba a su cuerpo de una manera espectacular. Los hilos
dorados brillaban bajo los reflectores revelando todos los códigos criminales.
La gente soltó suspiros de profunda admiración al ver semejante obra maestra.
Las cámaras disparaban destellos rápidos capturando cada detalle de la fina
tela. Ella caminaba como una reina intocable dueña de todo el universo.
Llegó al final de la pasarela y posó frente a los fotógrafos. Me buscó entre el
público y me dedicó una sonrisa llena de maldad. Quería restregarme su victoria
robada en la cara frente a todo México.
Tres minutos después todo cambió de una forma brutal y muy violenta. El sonido
agudo de las sirenas policiales rompió la música electrónica fuerte. Luces rojas
y azules iluminaron los grandes ventanales del hermoso recinto cerrado.
El pánico se apoderó de los asistentes en cuestión de pocos segundos. Decenas de
agentes federales armados irrumpieron por todas las puertas de acceso. Gritaban
órdenes claras exigiendo que nadie se moviera de sus asientos caros.
— ¡Esto es una redada oficial! ¡Bajen las armas y levanten las manos! Camila se
quedó congelada en el escenario temblando de terror absoluto. El hombre de traje
gris que estaba a mi lado saltó rápidamente.
Era un comandante encubierto de la unidad de inteligencia financiera del
gobierno. Subió a la pasarela corriendo e ignorando los gritos de las modelos.
Dos oficiales más agarraron a Camila de los brazos con mucha fuerza.
— ¡Suéltenme ahora mismo! ¡Soy una celebridad y no saben quién soy! — Está
detenida por lavado de dinero y vínculos con el crimen organizado. — ¡Tienen el
derecho a guardar silencio, todo será usado en su contra!
Le pusieron unas esposas de metal frío sobre sus muñecas tan perfectas. Su
rostro hermoso se desfiguró por el miedo y la humillación pública. Las lágrimas
negras de maquillaje arruinaron sus mejillas llenas de rubor caro.
Me miró desde arriba del escenario con los ojos inyectados en sangre. —
¡Valeria! ¡Diles que el vestido es tuyo! ¡Diles que tú lo diseñaste! Yo me
levanté de mi asiento alisando las arrugas de mi falda negra.
Caminé lentamente hasta quedar justo frente a ella debajo del escenario
iluminado. La miré con una frialdad que la hizo temblar de pies a cabeza. —
Todos saben que registraste legalmente esos diseños a tu nombre esta tarde.
— ¡Eres una maldita víbora! ¡Me tendiste una trampa para destruirme la vida! —
Me robaste a mi prometido, a mi bebé y ahora mi trabajo duro. — Disfruta tu
nueva vida en prisión, hermanita, porque te lo mereces todo.
Los policías la arrastraron por el pasillo mientras ella gritaba maldiciones
horribles. Los fotógrafos captaron la caída definitiva de la modelo más famosa
del país. Su carrera, su libertad y su reputación quedaron destruidas para
siempre hoy.
Me di la vuelta y caminé hacia la salida respirando aire puro. El fantasma de mi
pasado finalmente podía descansar en paz y tranquilidad. La justicia divina
tarda en llegar, pero siempre cobra todas las deudas.