Torre sobre la arena
Parte 3
Tomó un pequeño sorbo de su bebida muy calmadamente.
— Soy un hombre de negocios sumamente práctico y visionario.
— Necesitaba un buen seguro de vida para este proyecto.
— Firma los permisos estructurales en este mismo instante preciso.
— No quiero arruinar la vida de una señorita talentosa.
Yo apreté los puños hasta lastimar mis manos blancas.
Quería golpear su rostro arrogante con todas mis fuerzas.
Quería romperle la botella de cristal en mil pedazos.
Pero él tenía el control absoluto del juego sucio.
Él tenía mi reputación entera en sus sucias manos.
Tomé la pluma negra con mis dedos muy temblorosos.
Firmé los papeles sintiendo un inmenso dolor muy profundo.
Estaba vendiendo mi propia alma al maldito diablo hoy.
Él guardó los documentos sellados en su caja fuerte.
Me guiñó un ojo con muchísima burla verdaderamente cruel.
Todo parecía estar completamente perdido para mi brillante carrera.
Salí de ese enorme edificio corriendo como una fugitiva.
El aire frío de la calle me golpeó fuerte.
Necesitaba caminar rápido para calmar mi tremendo ataque de ansiedad.
Las lágrimas rodaban por mis mejillas sin poder detenerlas.
Me senté en la banca de un parque cercano.
Solo una inesperada llamada telefónica cambió mi destino hoy.
Mi celular vibró con un número totalmente desconocido entonces.
Contesté la llamada con la voz bastante muy rota.
Una voz ronca y muy vieja me habló despacio.
El hombre misterioso pronunció mi nombre con mucho respeto.
Dijo que era el antiguo maestro de obras retirado.
Él trabajó mano a mano con mi difunto padre.
El señor me citó en un café muy escondido.
Dijo que era un asunto de vida o muerte.
Llegué al lugar buscando urgentes respuestas a mis dudas.
Era una cafetería muy vieja y bastante oscura adentro.
El olor a pan tostado llenaba el aire caliente.
Busqué al hombre misterioso con la mirada muy rápida.
Él estaba sentado en la esquina más apartada del lugar.
Llevaba una chamarra de cuero bastante gastada por el tiempo.
Me acerqué a su mesa pequeña con pasos lentos.
El anciano tenía las manos llenas de gruesas cicatrices.
Su rostro mostraba un cansancio inmenso de muchos años.
Me senté frente a él sin decir absolutamente nada.
Él me miró con los ojos bastante muy llorosos.
Metió la mano derecha en su viejo bolsillo roto.
Puso un objeto brillante sobre la mesa de madera.
Era un anillo de oro bastante grueso y antiguo.
Yo reconocí las iniciales familiares grabadas en el metal.
Mi corazón se detuvo por un largo segundo eterno.
Era la argolla de matrimonio de mi difunto padre.
El anciano comenzó a toser con muchísima fuerza repentina.
Tomó un poco de agua de su vaso de cristal.
Comenzó a confesar un secreto guardado con mucho miedo.
Entonces ocurrió algo verdaderamente imposible de creer para mí.
Mi padre nunca se equivocó en sus cálculos matemáticos.
Él siempre fue un arquitecto muy honesto y brillante.
Roberto había sobornado a todos los proveedores de materiales.
Cambiaron las varillas por metal de pésima calidad estructural.
Mi padre descubrió el fraude millonario una noche lluviosa.
Él amenazó con denunciar a Roberto ante el gobierno.
Roberto lo citó en la azotea del edificio inconcluso.
Fingió querer arreglar el problema de manera muy pacífica.
Pero sus guardaespaldas golpearon a mi padre muy fuerte.
Lo masacraron sin tener ninguna maldita piedad humana allí.
Luego lo arrojaron al vacío hacia la calle pavimentada.
Fingieron que todo había sido un triste suicidio sorpresivo.
El anillo cayó entre los cimientos de cemento fresco.
El maestro de obras lo encontró varios meses después.
Él guardó silencio por miedo a ser asesinado también.
Roberto había amenazado con matar a su familia entera.
Pero ahora el anciano tenía un cáncer muy terminal.
Le quedaban muy pocos días de vida real hoy.
Él quería pedirme perdón antes de morir esta semana.
La revelación destrozó todo lo que yo creía real.
Mi padre no era un fracasado ni un cobarde.
Fue cruelmente asesinado por el hombre que me cuidaba.
Roberto me había robado a mi familia por dinero.
Luego me utilizó para seguir robando al país entero.
Yo estaba financiando la inmensa riqueza del maldito asesino.
Las lágrimas de tristeza se convirtieron en furia total.
Un fuego inmenso quemó mi pecho por dentro hoy.
Ya no me importaba ningún estúpido video íntimo publicado.
Ya no me importaba mi maldita carrera profesional exitosa.
Solo quería destruir al enorme monstruo con mis manos.
Tomé el anillo de oro con muchísima fuerza vital.
Lo guardé en el bolsillo de mi pantalón negro.
Agradecí al anciano por contarme la dura verdad oculta.
Le prometí que su secreto estaría muy seguro conmigo.
Salí a la calle bajo la lluvia muy fría.
Esa pequeña decisión cambiaría mi destino para siempre hoy.
Yo tenía que vengar esta terrible muerte con inteligencia.
PARTE 3
No pasé la noche llorando de puro miedo inútil.
Llegué a mi lujoso departamento con una mente fría.
Desconecté el internet para evitar que Roberto me espiara.
Encontré tres microcámaras ocultas en las ventilas del techo.
Las rompí con un martillo sintiendo mucho asco profundo.
Me senté frente a mi computadora portátil muy potente.
Preparé varias tazas de café negro verdaderamente muy fuerte.
Toda la madrugada modifiqué el código del sistema informático.
Nuestros grandes planos estaban conectados a un servidor central.
Ese servidor controlaba las enormes pantallas del evento público.
Yo era la única administradora principal de la red.
Cuando Roberto me obligó a firmar aquellos documentos falsos.
Él olvidó que yo misma diseñé toda la plataforma.
Yo aproveché para enlazar su firma digital al sistema.
Creé un programa oculto de alerta financiera muy automática.
Recopilé todos los correos electrónicos confidenciales de la empresa.
Descargué los jugosos estados de cuenta de los bancos.
Subí el testimonio grabado del viejo maestro albañil enfermo.
Todo estaba absolutamente listo para la gran explosión final.
Nadie imaginaba lo que iba a pasar esa mañana.
El día de la gran inauguración finalmente llegó hoy.
El inmenso terreno de la obra estaba muy lleno.
Estaba repleto de periodistas de muchos canales muy famosos.
Había una alfombra roja para los invitados más ricos.
Gobernadores y empresarios tomaban copas de champán francés caro.
La música clásica sonaba por las grandes bocinas instaladas.
El cielo estaba despejado y el sol brillaba fuerte.
Llegué usando un elegante traje de color blanco impecable.
Llevaba el anillo de mi padre colgado al cuello.
Estaba sujeto de una cadena de plata muy fina.
Roberto caminó hacia mí con los brazos muy abiertos.
Llevaba un traje azul marino bastante muy costoso hoy.
Fingió darme un abrazo lleno de falso cariño fraternal.
Los fotógrafos capturaron el momento emotivo para la prensa.
— Qué buena chica eres al aceptar mi generoso trato.
— Sabía que serías muy inteligente mi querida niña prodigio.
Yo le sonreí mirando fijamente sus fríos ojos oscuros.
No mostré ni una sola gota de miedo humano.
— Todo sea por el tremendo éxito del gran proyecto.
Él jamás notó el tono sarcástico de mi voz.
El maldito asesino caminaba directamente hacia su propia trampa.
Subimos juntos al gran escenario principal del enorme evento.
Las cámaras de televisión transmitían todo en riguroso vivo.
Miles de personas estaban viendo la transmisión directa nacional.
Roberto tomó el micrófono principal con muchísima seguridad fingida.
Comenzó a hablar sobre el gran futuro de México.
Mencionó mi talento como si fuera su mayor descubrimiento.
Dijo que la Torre Diamante sería absolutamente muy perfecta.
Prometió generar miles de empleos para toda la ciudad.
La gente aplaudía cada palabra de su discurso falso.
Detrás de nosotros había una pantalla gigante de cristal.
Yo sostenía una tableta digital conectada al sistema central.
Mi trabajo era proyectar el modelo tridimensional muy hermoso.
Roberto me hizo una pequeña señal con la mano.
Era el momento de apretar el gran botón verde.
Él creía que tenía todo bajo su perfecto control.
Nunca imaginó quién estaba realmente moviendo los hilos ahora.
Toqué la pantalla de mi tableta con muchísima firmeza.
El sistema general de la constructora se activó rápidamente.
Pero no apareció el diseño del hermoso edificio nuevo.
La pantalla gigante se puso de color rojo sangre.
Una alarma de emergencia comenzó a sonar muy fuerte.
El terrible sonido lastimaba los oídos de los presentes.
Letras gigantes anunciaban un inmenso fraude financiero muy masivo.
El sistema estaba enviando alertas a auditores internacionales serios.
Los correos privados de Roberto aparecieron en pantalla gigante.
Eran pruebas muy claras de sus compras de materiales.
Mostraban las millonarias transferencias a cuentas en paraísos fiscales.
Los mensajes detallaban los sucios sobornos a los políticos.
Luego proyecté los peritajes del antiguo edificio colapsado trágicamente.
Aparecieron las fotos de las varillas de metal barato.
Mostré los verdaderos resultados del laboratorio de suelos inestables.
La verdad estaba saliendo a la luz para siempre.
Finalmente reproduje el audio del anciano maestro de obras.
La voz del señor resonó por todo el lugar.
Contó cómo asesinaron a mi padre sin ninguna piedad.
La gran multitud quedó en un silencio absolutamente sepulcral.
Nadie podía creer lo que estaban viendo esta mañana.
Los periodistas empezaron a tomar cientos de fotografías rápidas.
Las cámaras enfocaban el rostro del empresario multimillonario corrupto.
El rostro de Roberto se puso extremadamente muy blanco.
Se acercó a mí temblando de pura rabia asesina.
Sus ojos parecían estar inyectados de mucha sangre roja.
— ¿Qué demonios hiciste con mi maldito sistema esta vez?
— Vas a pagar muy caro por esta maldita traición.
— Voy a publicar tus asquerosos videos en este instante.
Yo di un gran paso atrás con mucha dignidad.
Tomé mi propio micrófono antes de que él hablara.
— Esto es por la memoria de mi difunto padre.
— Y por todos los muertos inocentes de hace años.
Expliqué rápidamente el vil chantaje que sufrí esta semana.
Denuncié los materiales podridos de esta nueva obra millonaria.
Dije que no me importaba perder mi privacidad personal.
Prefería la enorme vergüenza pública antes que ser asesina.
El público comenzó a gritar con una indignación total.
Los inversionistas exigían explicaciones a gritos verdaderamente muy fuertes.
Muchos invitados comenzaron a insultar al gran falso empresario.
El caos se apoderó de todo el evento lujoso.
Roberto intentó huir corriendo hacia su camioneta blindada negra.
Empujó a varios periodistas que bloqueaban su camino desesperado.
Pero el sistema automatizado ya había llamado muchas patrullas.
Las sirenas de la policía federal resonaron muy cerca.
Varias camionetas oficiales rodearon la entrada principal del terreno.
Agentes fuertemente armados subieron al gran escenario muy rápidamente.
Sometieron al gran empresario corrupto contra el suelo duro.
Le pusieron las frías esposas de acero brillante hoy.
Él gritaba muchas maldiciones mientras lo arrastraban muy lejos.
Juraba que iba a matarme con sus propias manos.
Los medios de comunicación grabaron toda su caída pública.
Nadie iba a salvarlo de la estricta justicia mexicana.
Sus estúpidas amenazas de publicar mis videos no importaron.
La policía cibernética borró todos sus servidores esa tarde.
Mi nombre quedó completamente muy limpio ante la sociedad.
La gente valiente me aplaudió por mi gran valentía.
La construcción de la torre fue cancelada para siempre.
El gobierno confiscó todas las cuentas millonarias del criminal.
Me quedé completamente sola mirando el enorme cráter vacío.
El viento frío sopló suavemente sobre mi rostro cansado.
Toqué el viejo anillo de oro de mi cuello.
Sentí una inmensa paz dentro de mi corazón sanado.
La maldita torre sobre la arena nunca se construirá.
El asesino pasará el resto de su vida preso.
Mi querido padre por fin puede descansar en paz.