Solución de problemas de Livestream Lens
Diego organizó una pequeña fiesta privada en nuestra casa.
Era para celebrar mi nuevo récord mundial de seguidores activos.
Sofía fue la primera persona en llegar al departamento.
Traía una botella de champaña muy cara entre sus manos.
Me abrazó con una hipocresía que me dio mucho asco.
— Muchas felicidades por tu gran éxito amiga mía.
Sus palabras sonaban completamente huecas y llenas de envidia oculta.
Yo le sonreí amablemente y le di las gracias por venir.
La fiesta transcurrió con mucha música alta y demasiado alcohol.
Mis otros amigos se despidieron cerca de la medianoche lluviosa.
Solo quedamos Diego, Sofía y yo en la sala principal.
Dije que me dolía mucho la cabeza por culpa del ruido.
Avisé que me iba a dormir sola a nuestra recámara.
Diego me dijo que descansara bien y me dio un beso.
Cerré la puerta de mi cuarto pasándole el seguro de metal.
Pero no me acosté en la cama en absoluto esa noche.
Saqué mi tablet brillante de debajo de mi almohada suave.
Abrí la aplicación de mi cámara oculta con los dedos temblando.
El corazón me golpeaba fuerte contra el pecho por la ansiedad.
La pantalla mostró la habitación de invitados totalmente oscura.
Tres minutos después todo el panorama cambió frente a mis ojos.
La puerta de madera se abrió de golpe en la pantalla.
La luz del pasillo iluminó sus rostros llenos de culpa.
Eran Diego y Sofía entrando muy abrazados al cuarto.
Se estaban besando con una desesperación horrible y salvaje.
Cayeron sobre la cama sin importarles absolutamente nada a su alrededor.
Yo estaba viendo todo esto en tiempo real desde mi tablet.
La calidad del video en alta definición era bastante buena.
Se quitaban la ropa entre risas ahogadas y suspiros fuertes.
El asco me revolvió el estómago por completo en ese instante.
Subí el volumen de mi dispositivo electrónico al nivel máximo.
Quería escuchar cada maldita palabra que saliera de sus bocas.
— ¿Ya firmaste los últimos papeles del banco internacional?
La voz de Sofía sonaba agitada y muy ambiciosa en el audio.
— Todo está listo para mañana a primera hora mi amor.
Diego le respondió mientras acariciaba su cabello largo y oscuro.
— ¿Estás seguro de que Camila no sospecha nada de nosotros?
— Ella es demasiado tonta para darse cuenta de la realidad.
Esas crueles palabras me clavaron un puñal directo en el alma.
— No quería que lo supieras de esta forma tan drástica.
Dijo Diego burlándose de mi supuesta ignorancia y ceguera total.
— Mañana transferimos todo el dinero directamente a las Bahamas.
— Y la dejamos hundida con la enorme deuda del fisco.
Sofía soltó una carcajada llena de pura maldad y codicia.
— Todo terminó para la gran reina del internet mexicano.
Estaban planeando mi ruina total mientras hacían el amor frente a mí.
Yo no derramé ni una sola lágrima más por ellos.
El inmenso dolor se convirtió en una rabia inmensa y ardiente.
No iba a quedarme de brazos cruzados viendo mi propia destrucción.
Me levanté de la silla de un salto muy rápido.
Salí de mi cuarto caminando despacio en calcetines para no hacer ruido.
Me acerqué a la puerta cerrada del cuarto de invitados.
Podía escuchar sus asquerosos gemidos desde el otro lado de la pared.
Puse mi mano sobre la fría manija de metal plateado.
Quería entrar de golpe y gritarles todas sus verdades en la cara.
Quería romperles todas las cosas de valor que había en la habitación.
Pero respiré profundo varias veces y solté la puerta lentamente.
Una escena de celos tradicional no me servía de nada ahora.
Si entraba en este momento iba a arruinar mi gran plan maestro.
Ellos merecían un castigo mucho más severo y público que mis gritos.
Merecían perder todo su prestigio frente a los ojos del mundo entero.
Regresé a mi recámara caminando en total y absoluto silencio.
Tomé mi hermoso anillo de bodas con mucha firmeza.
Me lo quité del dedo sin dudarlo ni un solo segundo.
Lo guardé en el fondo de mi cajón de calcetines oscuros.
Nunca imaginé quién estaba detrás de tanto odio desmedido.
Esa noche fría no dormí ni un solo minuto en mi cama.
Me dediqué a pulir los últimos detalles legales con mi equipo.
Mi abogado me mandó unos documentos encriptados de máxima seguridad.
Yo tenía un secreto gigante que ellos dos no sabían.
No me enteré de su traición hace apenas tres semanas.
Yo sabía de su infidelidad desde hace más de seis meses.
Fingí absoluta sorpresa para que ustedes los lectores entendieran todo el
contexto.
Pero la cruda realidad era mucho más oscura y fríamente calculada.
Yo manipulé la cuenta bancaria donde ellos planeaban robarme mi fortuna.
Entonces ocurrió algo totalmente imposible para sus mentes ambiciosas.
El dinero robado no iba a llegar jamás a las Bahamas.
Esa cuenta específica estaba vigilada strictly por el gobierno federal mexicano.
Era una trampa diseñada para rastrear el lavado de dinero internacional.
Y ellos estaban a punto de caer redonditos en mi telaraña.
El amanecer llegó mucho más rápido de lo que yo esperaba.
Me metí a bañar con agua fría para despertar todos mis sentidos.
Salí de la ducha y me sequé el cabello con mucho cuidado.
Me puse mi mejor vestido de color rojo muy llamativo.
Me maquillé con mucho esmero para verme verdaderamente espectacular en pantalla.
Hoy era el día de mi evento especial más grande del año.
Iba a transmitir en vivo para más de cien mil personas simultáneas.
El patrocinador principal del evento regalaba consolas de videojuegos muy caras.
Salí al comedor caminando con una gran sonrisa falsa en el rostro.
Diego estaba tomando su café matutino muy relajado en la silla.
Me saludó con un beso como si nada hubiera pasado anoche.
Sofía ya se había ido a su casa para arreglarse y prepararse.
Ella también iba a conectarse a mi transmisión desde su propio estudio.
Teníamos planeado un divertido segmento juntas frente a todo nuestro público.
Llegó la hora exacta de encender las luces de mi estudio.
Me senté frente a mi computadora de última generación muy decidida.
Diego se paró detrás de las cámaras cruzando los brazos con orgullo.
Me dio la señal manual para iniciar el programa en vivo.
El contador de espectadores subió rapidísimo en los primeros segundos.
En diez minutos ya teníamos cien mil personas conectadas y esperando.
El chat de la transmisión iba a la velocidad de la luz.
Todos mandaban corazones digitales y mensajes de apoyo incondicional.
Yo hablé animadamente con mi público durante casi media hora.
Jugué un par de partidas de mi videojuego de disparos favorito.
Luego anuncié la gran sorpresa del día con una voz muy seria.
— Hoy quiero compartir algo muy personal y delicado con todos ustedes.
Miré fijamente al lente de la cámara principal sin parpadear.
— Mi esposo y mi mejor amiga tienen un anuncio muy importante.
Diego me miró con muchísima confusión desde el fondo de la sala.
Él no tenía la menor idea de lo que yo estaba hablando.
Conecté la videollamada con Sofía en la pantalla dividida del stream.
Ella apareció sonriendo con su clásica cara de niña inocente.
— ¿De qué anuncio estás hablando en este preciso momento amiga mía?
Sofía preguntó tratando de mantener su imagen dulce frente a la audiencia.
Yo presioné una tecla específica en mi teclado mecánico de luces.
La pantalla de mi transmisión cambió de inmediato frente a miles.
En lugar del videojuego colorido apareció el video secreto de anoche.
Era la grabación nítida de ellos dos revolcándose en mi cama.
Sus voces se escuchaban claramente por los audífonos de cien mil personas.
Hablaban cínicamente de robarme el dinero y arruinar mi vida entera.
El chat en vivo se volvió completamente loco en un solo segundo.
Los espectadores no podían creer lo que estaban viendo sus propios ojos.
Diego palideció de golpe y soltó su teléfono celular al suelo.
Sofía gritó desde su pantalla muy desesperada y llena de terror.
— ¡Corta esa maldita transmisión ahora mismo por favor te lo suplico!
Pero yo alejé mis manos del teclado sonriendo con mucha satisfacción.
Diego corrió furioso hacia mí para intentar apagar la computadora a la fuerza.
— ¿Qué diablos estás haciendo con nuestro canal en este momento?
Me gritó con la cara roja de furia y las venas marcadas.
Yo me levanté de mi silla ergonómica con muchísima calma y dignidad.
— Este ya no es tu canal mi querido y fiel esposo.
Le respondí mirándolo con un desprecio absoluto desde arriba.
El fuerte sonido del timbre interrumpió sus gritos de rabia impotente.
Alguien estaba golpeando la puerta principal del departamento con mucha
violencia.
No eran unos simples golpes de una visita amistosa de vecinos.
Eran fuertes martillazos dictados por la pura autoridad oficial del estado.
La policía federal mexicana acababa de entrar a nuestra casa por la fuerza.
Cinco agentes fuertemente armados irrumpieron en mi estudio de grabación
iluminado.
Diego levantó las manos temblando de miedo y retrocedió contra la pared.
El oficial a cargo leyó una orden de arresto en voz muy alta.
— Señor Diego usted está detenido por fraude corporativo y lavado de dinero.
Diego me miró buscando algún tipo de explicación a esta locura.
— Las cuentas que usaste estaban rastreadas por las autoridades fiscales del
país.
Le dije en voz muy alta para que todos los espectadores escucharan claramente.
— Cayeron en la trampa legal como unos viles novatos sin experiencia.
En la pantalla secundaria Sofía lloraba a mares sin encontrar ningún consuelo.
— La policía también está tocando a la puerta de mi casa.
Dijo ella presa del pánico total y la desesperación más profunda.
Yo me crucé de brazos observando mi gran obra maestra terminada.
Los agentes esposaron a Diego frente a las cámaras de mi transmisión.
El público celebraba la justicia poética en el chat a toda velocidad.
Era el mejor final posible para esta oscura historia de traición dolorosa.
Mi excelente abogado había planeado este operativo policial a la perfección
milimétrica.
Las contundentes pruebas del teléfono viejo fueron la estocada final del caso.
Firmé los papeles oficiales del divorcio esa misma tarde en el juzgado.
Cancelé de inmediato todas mis cuentas bancarias vinculadas al nombre de Diego.
Sofía perdió absolutamente todos sus patrocinadores comerciales en menos de una
hora.
Ambos terminaron encerrados en prisión esperando un juicio penal muy largo.
Yo me quedé con el control total y absoluto de mi propia vida.
Y mi canal personal subió mágicamente a cinco millones de seguidores fieles.
La doble traición me dolió en lo más profundo de mi alma herida.
Pero mi dulce venganza resultó ser el mejor negocio de toda mi vida.