Doctor y enemigo oculto
Valeria regresó del baño caminando con una sonrisa muy tranquila.
Yo fingí que no pasaba absolutamente nada extraño en la habitación.
Revisé su rostro dañado y tomé las medidas para la cirugía.
Pero mi pecho sentía una presión verdaderamente insoportable por dentro.
Ella se despidió de mí con un abrazo muy cálido.
Me dijo que estaba muy emocionada por empezar su nueva vida.
Yo le sonreí falsamente aunque por dentro estaba muriendo de miedo.
Cuando ella se marchó cerré la puerta de mi consultorio con llave.
Saqué el anillo de mi bolsillo para verlo muy de cerca.
No había ninguna duda sobre el origen de esa joya quemada.
Eran las mismas letras y la misma fecha de nuestra boda.
El metal de oro estaba oscuro por culpa del fuego intenso.
Una sensación muy fría recorrió toda mi espalda en ese momento.
Decidí revisar el expediente médico de Valeria de forma muy inmediata.
Caminé hacia el archivero metálico que estaba en la esquina.
Saqué la carpeta de cartón buscando la fecha exacta de su accidente.
Mis ojos leyeron los números impresos en la hoja de ingreso.
La sangre se congeló en todas las venas de mi cuerpo.
El accidente de Valeria ocurrió el mismo día del gran incendio.
El mismo maldito día que mi esposo perdió la vida trágicamente.
Las fechas coincidían de una manera demasiado exacta y perturbadora.
Yo estaba completamente equivocada sobre la identidad de mi vecina amable.
Ella no era la dulce mujer que yo creía conocer bien.
Tomé mi teléfono celular y marqué un número muy confidencial.
Llamé a un detective privado de mi entera y absoluta confianza.
El hombre contestó al tercer timbre con voz muy profesional.
Le pedí que investigara a Valeria de manera sumamente urgente.
Le di el nombre completo que aparecía en su registro médico.
Necesitaba saber todo sobre su oscuro pasado antes de que amaneciera.
Él me prometió enviar los resultados lo más rápido posible.
Le transferí una enorme cantidad de dinero por adelantado sin dudar.
La cirugía estética estaba programada para las ocho de la mañana.
Yo no podía operar a esa misteriosa mujer teniendo tantas dudas.
Conduje de regreso a mi enorme casa con la mente nublada.
Pasé toda la madrugada sentada y despierta en la sala principal.
Tomé tres tazas de café negro amargo para no quedarme dormida.
Miraba el anillo quemado bajo la tenue luz de la lámpara.
La joya seguía oliendo un poco a humo y a cenizas.
Mil escenarios horribles pasaban por mi cabeza cansada y muy triste.
El reloj de la pared avanzaba de forma desesperantemente lenta.
El detective privado me llamó a las cinco de la mañana en punto.
Contesté el teléfono rápido con el corazón latiendo en la garganta.
Él sonaba muy alterado al otro lado de la línea telefónica.
Me dijo que acababa de enviarme un archivo digital muy importante.
Me advirtió que la información era verdaderamente muy delicada y peligrosa.
Abrí mi computadora portátil con las manos sudando de puros nervios.
Entré a mi correo electrónico con mucha prisa y ansiedad.
Descargué el documento cifrado que el investigador me mandó recién.
Nunca imaginé quién estaba detrás de toda esta farsa.
El reporte oficial de la policía era muy claro y directo.
Tenía fotografías antiguas y muchos documentos con sellos del gobierno federal.
Valeria no era una pobre mujer víctima de un accidente vial.
Ella era una peligrosa criminal buscada por las autoridades federales mexicanas.
Tenía una orden de aprehensión activa desde hace más de tres años.
Estaba acusada formalmente de fraude millonario y de un homicidio múltiple.
El detective descubrió la terrible verdad sobre el incendio del edificio.
Valeria fue la persona que provocó el gran fuego en las oficinas.
Ella compró los galones de gasolina una semana antes del desastre.
Las cámaras de seguridad la grabaron comprando los líquidos acelerantes
químicos.
Ella bloqueó todas las puertas de emergencia del lugar por fuera.
Mi amable vecina era la despiadada asesina de mi amado esposo.
Ella quemó a Mateo de la forma más cruel e inhumana posible.
Por eso tenía quemaduras tan graves en toda su cara.
El fuego la alcanzó antes de que ella pudiera escapar del lugar.
El karma le quemó el rostro por haber asesinado a tantas personas.
Ahora entendía perfectamente su macabro y enfermo plan maestro contra mí.
Ella fingió salvar a mi hijo aquella tarde soleada en el parque.
Todo fue un sucio teatro planeado para ganar mi confianza ciega.
Ella contrató a ese delincuente para fingir el intento de secuestro.
Quería que yo me sintiera en deuda con ella para siempre.
Su único objetivo real era conseguir una cirugía plástica totalmente gratis.
Ella necesitaba cambiar su rostro para poder evadir a la justicia.
Buscaba escapar del país sin ser reconocida en los aeropuertos internacionales.
Quería que yo borrara todos sus crímenes usando mi bisturí quirúrgico.
Una rabia inmensa comenzó a quemar mi pecho de manera violenta.
Llorar ya no era una opción válida en este preciso momento.
Yo tenía que actuar rápido antes de que ella escapara nuevamente.
Cambié mi ropa de casa por un traje médico muy profesional.
Conduje mi camioneta hacia la clínica antes de que saliera el sol.
Las calles de la ciudad estaban completamente vacías y muy oscuras.
Llegué a la habitación privada donde Valeria ya estaba internada cómodamente.
Ella estaba tomando una taza de té esperando su anhelada operación.
Me recibió con una sonrisa enorme llena de asqueroso y puro cinismo.
Yo entré a la habitación blanca con el rostro completamente serio.
Cerré la pesada puerta de madera y le puse el seguro metálico.
Caminé hacia su cama clínica con pasos muy firmes y decididos.
Saqué el anillo quemado de mi bolsillo derecho del pantalón azul.
Se lo lancé directamente sobre las sábanas blancas de la cama.
La sonrisa de Valeria desapareció de su cara en un solo segundo.
Su rostro pálido demostraba un terror absoluto y muy evidente ahora.
Tres minutos después todo cambió para siempre en mi vida.
— ¿De dónde sacaste esta maldita cosa? — preguntó ella con la voz temblando.
— Cayó de tu costosa bolsa de diseñador ayer por la tarde. — respondí fríamente.
El silencio en la habitación se volvió verdaderamente muy pesado e incómodo.
— Isabella, te juro que no es lo que tú estás pensando. — susurró ella.
— Tú provocaste el trágico incendio en el edificio de las oficinas. — grité con
fuerza.
Las lágrimas de puro coraje llenaron mis ojos cansados y muy rojos.
— Tú mataste a mi esposo Mateo hace tres años exactos. — afirmé con rabia.
Esperaba que ella me suplicara perdón llorando de rodillas en el piso.
Esperaba que mostrara un poco de arrepentimiento por sus horribles crímenes
cometidos.
Pero entonces ocurrió algo verdaderamente perturbador e inesperado para mí.
Valeria comenzó a reírse a fuertes carcajadas frente a mi cara.
Su risa sonaba muy escalofriante en aquella solitaria habitación clínica blanca.
Me miró fijamente a los ojos con muchísima burla y total desprecio.
— Yo no maté a tu esposo, querida y estúpida doctora. — dijo sonriendo.
— Tengo las pruebas oficiales de tu orden de aprehensión federal. — le advertí
furiosa.
Valeria tomó su teléfono celular que estaba sobre la mesa de noche.
Desbloqueó la pantalla táctil con mucha tranquilidad y con bastante lentitud.
Abrió una galería de fotos que estaba oculta con una contraseña secreta.
Me entregó el aparato digital sin decir una sola palabra más.
Tomé el celular ajeno con las manos llenas de absoluta desconfianza.
Miré la brillante pantalla y mi respiración se detuvo por completo.
Era una fotografía digital tomada hace apenas unas cuantas semanas atrás.
Aparecía un hombre sentado cómodamente en una playa muy paradisíaca y hermosa.
El sujeto estaba bebiendo un costoso coctel azul bajo el sol brillante.
Tenía el cabello un poco más largo y con algunas canas grises.
Pero sus ojos oscuros y su sonrisa ladeada eran totalmente inconfundibles.
Ese hombre de la foto de vacaciones era mi esposo Mateo.
Mi difunto esposo estaba completamente vivo y muy bien bronceado.
El costoso teléfono cayó de mis manos directamente hacia el piso cerámico.
Mis rodillas perdieron absolutamente toda su fuerza de un solo golpe.
Me apoyé en la pared blanca para no caer al suelo frío.
— Él planeó todo el incendio desde el principio, Isabella. — confesó Valeria
fríamente.
Mi mente no podía procesar tanta información macabra y dolorosa junta.
— Mateo quería cobrar su propio y millonario seguro de vida. — continuó ella.
La póliza del seguro de vida era de diez millones de dólares.
Ese dinero fue pagado directamente a una empresa fantasma en el extranjero.
Una cuenta bancaria que supuestamente pertenecía a un proveedor de materiales.
— Nosotros éramos amantes en secreto desde hace cinco largos años. — dijo
Valeria.
Esa cruda frase fue como un cuchillo afilado directo a mi estómago.
Mi matrimonio perfecto siempre fue una maldita y muy sucia mentira.
Mateo me engañaba en hoteles mientras yo cuidaba a nuestro hijo enfermo.
— Él me convenció de ayudarlo a fingir su trágica muerte quemada. — explicó
ella.
Valeria plantó el cuerpo de un vagabundo muerto en la oficina principal.
Mateo le puso su propio anillo de bodas al cadáver desconocido.
Por eso los peritos forenses confirmaron la identidad con el anillo quemado.
Todo fue un plan sumamente brillante para robar millones de dólares limpios.
— Pero tu amado esposo también me traicionó a mí al final. — escupió ella.
Valeria relató con odio cómo Mateo la dejó encerrada en el edificio.
Él bloqueó las puertas porque quería borrar a la única testigo viva.
Él planeaba quedarse con todo el dinero millonario del seguro para él solo.
Por eso Valeria sufrió esas quemaduras tan horribles y dolorosas en su piel.
Ella logró sobrevivir de puro milagro aquella fatídica y ardiente noche.
Pasó tres años escondida buscando la forma exacta de vengarse de él.
Me buscó a mí porque necesitaba una cara nueva y sin cicatrices.
Quería operarse para poder cruzar la frontera sin ser detectada por nadie.
Su plan maestro era viajar a Costa Rica para asesinar a Mateo.
Me quedé en silencio procesando toda esta asquerosa y brutal verdad.
El hombre que yo amaba destruyó mi vida entera por simple avaricia.
Él me dejó sola llorando su falsa muerte durante tres años seguidos.
Él abandonó cruelmente a su propio hijo sin sentir ningún remordimiento jamás.
Mis lágrimas saladas se secaron de forma muy repentina en mis mejillas.
La inmensa tristeza desapareció por completo para darle paso a un odio puro.
Recogí el teléfono del piso y miré la fotografía de nuevo.
Mateo se veía tan feliz disfrutando de sus millones robados en la playa.
Miré a Valeria que seguía sentada muy cómoda en la cama del hospital.
Ella esperaba que yo estallara en llanto y en una profunda desesperación.
Pero yo soy una mujer muchísimo más fuerte y decidida que eso.
Tomé el anillo quemado que estaba sobre las sábanas blancas de algodón.
Caminé firmemente hacia el bote de basura de materiales biológicos muy
peligrosos.
Arrojé el anillo de Mateo a la basura sin dudarlo ni un segundo.
Me quité la bata quirúrgica lentamente frente a la mirada de Valeria.
— No voy a operarte el rostro bajo ninguna circunstancia, Valeria. — dije con
voz firme.
Ella se levantó de la cama luciendo muy asustada y muy furiosa.
— Hicimos un trato sagrado, yo salvé la vida de tu hijo. — reclamó ella
gritando.
— Tú fingiste ese estúpido secuestro, no te debo absolutamente nada. — le
respondí tajante.
Valeria intentó golpearme en la cara pero yo fui mucho más rápida.
Presioné el botón rojo de emergencia que estaba en la pared blanca.
Dos guardias de seguridad privada entraron a la habitación de inmediato.
— Sostengan a esta peligrosa mujer ahora mismo contra el piso. — ordené con
mucha autoridad.
Los hombres sujetaron a Valeria de los brazos de manera muy rápida.
Ella gritaba horribles insultos mientras intentaba liberarse de forma totalmente
inútil.
Saqué mi teléfono celular del pantalón y llamé a la policía federal.
Les di la ubicación exacta de la prófuga más buscada del país.
Valeria me miraba con un odio muy profundo en sus ojos oscuros.
— Si me entregas no podrás vengarte de Mateo jamás. — gritó ella desesperada.
Yo sonreí de manera muy fría por primera vez en toda la mañana.
— Yo tengo una mejor forma de hacer verdadera justicia legal. — susurré
acercándome a ella.
Las patrullas de la policía llegaron a mi clínica en menos de diez minutos.
Arrestaron a Valeria frente a la mirada de todos mis pacientes VIP asombrados.
Le pusieron las esposas de metal y la sacaron por la puerta principal.
Ella pasará el resto de su vida encerrada en una prisión federal mexicana.
Nunca obtendrá el rostro nuevo que tanto deseaba para poder escapar libremente.
Pero yo no me quedé de brazos cruzados con mi querido ex esposo.
Le envié la fotografía de Costa Rica a mi hábil detective privado.
Él logró rastrear la ubicación exacta de Mateo en menos de dos horas.
Contacté inmediatamente a los investigadores especiales de la compañía de
seguros.
Les entregué todas las pruebas del gigantesco y descarado fraude millonario.
Los agentes de la Interpol arrestaron a Mateo dos días después en su mansión.
Las autoridades confiscaron todas sus cuentas bancarias ocultas en paraísos
fiscales.
Él perdió cada maldito centavo que robó a base de tantas crueles mentiras.
Ahora está esperando su extradición directa a una oscura cárcel de máxima
seguridad.
Él enfrentará graves cargos por fraude maestro y por intento de asesinato
premeditado.
Mateo pasará sus últimos días de vida encerrado en una celda muy fría.
El karma implacable se encargó de destruir a los dos asquerosos traidores.
Yo regresé a mi hermosa y enorme casa esa misma noche de viernes.
Subí por las escaleras hacia la recámara donde mi hijo Leo estaba durmiendo.
Lo abracé muy fuerte sintiendo una paz inmensa inundando toda mi alma cansada.
Ya no había malditos fantasmas del pasado atormentando mi nueva y tranquila
vida.
La clínica estética sigue siendo un éxito rotundo en toda la ciudad de
Monterrey.
Soy una mujer totalmente libre, millonaria y sobre todo soy muy feliz ahora.
El fuego quemó mi doloroso pasado pero forjó mi brillante y exitoso futuro.
Mi verdadera vida de paz y éxito comenzó exactamente el día de hoy.