Lágrimas en el manicomio
"Pronto me divorciaré de esa maldita azafata de pacotilla".
Mauricio susurró esas crueles palabras acariciando a su amante.
Camila sintió que el mundo entero daba mil vueltas.
Las lágrimas quemaban sus mejillas pálidas y muy frías.
"No entiendo por qué te casaste con esa gata".
Fernanda cruzó sus brazos luciendo un desprecio muy evidente.
"Fue una necesidad táctica para proteger a mi madre".
La respuesta de Mauricio heló la sangre de Camila.
El hombre sirvió dos copas de whisky muy relajado.
"Camila estaba investigando el accidente de sus muertos padres".
Mauricio bebió un sorbo de alcohol con total cinismo.
"Ella contrató investigadores privados hace un par de años".
"Estaban a punto de descubrir el auto de mamá".
Camila recargó su cuerpo contra la fría pared blanca.
Sus piernas perdieron absolutamente toda la fuerza de golpe.
"Me casé con ella para controlar sus estúpidas investigaciones".
La maldad en la voz del hombre era aterradora.
"Fingí amarla para mantenerla ciega y muy bien vigilada".
Fernanda soltó una carcajada llena de admiración muy retorcida.
"Eres un monstruo brillante y manipulador mi amor adorado".
Camila dejó de respirar sintiendo una asfixia muy brutal.
Su matrimonio fue una maldita jaula disfrazada de amor.
Cada beso fue una mentira calculada y muy sucia.
Cada te amo fue una cadena para su libertad.
El hombre de su vida protegió a una asesina.
La rabia explotó dentro de su alma tan herida.
Pateó la puerta de cristal con una fuerza descomunal.
El cristal tembló por el impacto de su zapato.
Mauricio y Fernanda brincaron del susto de manera ridícula.
Camila entró a la oficina luciendo como una fiera.
Sus ojos reflejaban un odio absoluto y muy salvaje.
"Son unos malditos cerdos asquerosos y sin ningún alma".
Ella escupió las palabras con mucho veneno y dolor.
Mauricio palideció al ver a su esposa tan alterada.
"Camila, mi amor, esto tiene una explicación muy lógica".
Él intentó acercarse con las manos levantadas en paz.
"No te atrevas a tocarme con tus asquerosas manos".
Camila sacó el reloj roto de su propio bolsillo.
"Encontré la prueba de los crímenes de tu madre".
Los ojos de Mauricio se abrieron con pánico real.
La puerta de la oficina volvió a abrirse violentamente.
Doña Beatriz entró luciendo un rostro deformado por furia.
La anciana había descubierto el robo en su habitación.
"Dame ese maldito reloj ahora mismo estúpida niña muerta".
Beatriz caminó hacia Camila con una postura muy amenazante.
Camila retrocedió levantando el reloj como un trofeo sagrado.
"Iré a la policía a hundirlos en la cárcel".
Mauricio reaccionó con una agilidad verdaderamente muy sorprendente hoy.
Él empujó a Camila contra el pesado escritorio negro.
La joven azafata golpeó su espalda soltando un gemido.
El reloj resbaló de sus manos cayendo al piso.
Mauricio pisó el viejo reloj con su pesado zapato.
El cristal y los engranajes se hicieron polvo metálico.
La última prueba del crimen fue destruida para siempre.
Camila gritó de dolor viendo la evidencia totalmente aniquilada.
"Nadie va a creerle a una loca esposa despechada".
Mauricio sonrió mostrando su verdadera naturaleza de psicópata calculador.
"Mañana ingresaremos a Camila en una buena clínica psiquiátrica".
Doña Beatriz aplaudió la idea con una sonrisa macabra.
"Diremos que el exceso de vuelos arruinó su mente".
Fernanda observaba la escena bebiendo whisky muy tranquilamente.
Camila miró los rostros de sus tres verdugos crueles.
El hombre que amaba planeó su destrucción psicológica total.
La mujer que asesinó a sus padres ganó impunidad.
Estaba atrapada en una red de poder y dinero.
Nadie buscaría a una azafata en un manicomio privado.
Las lágrimas de Camila cesaron de forma muy repentina.
Una risa histérica y rota escapó de sus labios.
La cordura abandonó su mente en ese pequeño instante.
La traición había asesinado su alma de forma permanente.
El monstruo de la impunidad devoró su vida entera.
Camila se quedó sentada en el frío piso roto.
Su mirada se perdió en el vacío más absoluto.
La jaula de oro se cerró para siempre hoy.