Sombra de Venganza
La puerta principal del penthouse cedió con un estruendo.
Cinco hombres armados entraron vestidos con pasamontañas muy oscuros.
Los láseres rojos de sus rifles barrieron la sala.
Alejandro empujó a Valentina detrás del pesado escritorio de caoba.
El mueble de madera maciza servía como una barricada.
"No te muevas de aquí por nada del mundo".
Él susurró cerca del oído de la asustada mujer.
Los sicarios comenzaron a disparar contra las paredes cercanas.
El sonido ensordecedor de las balas destruía los muebles.
Los costosos jarrones volaron en mil pedazos de cristal.
Alejandro se asomó rápidamente devolviendo el fuego con precisión.
Dos de los atacantes cayeron al piso soltando gritos.
La balacera iluminaba la oscuridad con destellos muy naranjas.
Valentina tapó sus oídos llorando de puro pánico extremo.
El miedo a morir ahogaba todos sus sentidos humanos.
Un hombre alto entró caminando con muchísima tranquilidad macabra.
Era el mismísimo tío Roberto vistiendo un traje elegante.
"Sal de tu escondite sobrina inútil y ríndete ya".
La voz del traidor resonó por encima del caos.
"Entrégame los documentos y te prometo una muerte rápida".
Valentina sintió un asco profundo recorrer su propio cuerpo.
El monstruo que llamaba tío merecía arder en el infierno.
Alejandro recargó su arma con movimientos rápidos y expertos.
"No vas a tocar a esta mujer pinche cobarde".
El magnate gritó disparando hacia la posición de Roberto.
Los matones respondieron con una ráfaga de balas asesinas.
Una bala atravesó la gruesa madera del hermoso escritorio.
El proyectil impactó directamente en el hombro de Alejandro.
Él soltó un gruñido ahogado cayendo hacia atrás bruscamente.
La sangre caliente manchó su camisa blanca de inmediato.
Valentina gritó de terror al ver a su salvador herido.
Ella gateó hacia él presionando la herida con fuerza.
"No te mueras por favor Alejandro te lo suplico".
Las lágrimas de la joven caían sobre el pecho masculino.
Él sonrió débilmente acariciando el cabello desordenado de ella.
"Yo daría mi vida entera para salvarte a ti".
Esa confesión de amor en medio de la muerte dolió.
Valentina se dio cuenta de su inmenso y estúpido error.
Había odiado al único hombre que realmente la amaba.
Los pasos de Roberto se acercaron al escritorio destruido.
El tío preparó su arma para el golpe final.
"Qué escena tan patética y tan romántica de ustedes".
Roberto se burló apuntando hacia la cabeza de Valentina.
De pronto un sonido ensordecedor rompió los grandes cristales.
Un helicóptero de la policía rodeó el lujoso edificio.
Unos potentes reflectores iluminaron todo el interior del penthouse.
Fuerzas especiales entraron rompiendo los ventanales con cuerdas tácticas.
Alejandro había activado una alarma silenciosa minutos antes del ataque.
Los policías sometieron a los matones con rapidez brutal.
Roberto soltó su arma levantando las manos con cobardía.
Él fue esposado y arrastrado fuera del destruido departamento.
El silencio regresó al lugar dejando un olor a pólvora.
Los paramédicos entraron corriendo para atender al magnate herido.
Valentina no soltó la mano de Alejandro en ningún momento.
El viaje al hospital fue una agonía muy larga.
Las horas en la sala de espera parecían totalmente eternas.
La culpa devoraba la conciencia de la joven heredera.
Ella lloró amargamente pidiendo perdón a Dios por juzgarlo.
Al amanecer el médico salió de la zona quirúrgica.
Informó que la bala no había tocado órganos vitales.
Alejandro estaba fuera de todo peligro mortal por ahora.
Valentina entró a la habitación del hospital muy despacio.
Él estaba despierto mirando hacia la ventana muy blanca.
Su rostro lucía pálido pero sumamente hermoso y tranquilo.
"Perdóname por haber dudado de ti todo este tiempo".
Ella caminó hacia la cama tomando su mano tibia.
Alejandro entrelazó sus dedos con los de la joven.
"No hay absolutamente nada que perdonar mi dulce Valentina".
Él atrajo su rostro para depositar un tierno beso.
El roce de sus labios sanó las heridas pasadas.
Meses después la justicia condenó a Roberto por fraude.
El asesino pasaría el resto de su vida encerrado.
Valentina recuperó el control de las Industrias Navarro legalmente.
La empresa volvió a brillar bajo su inteligente dirección.
El lujoso penthouse fue remodelado para olvidar la tragedia.
Una noche estrellada Alejandro la abrazó por la cintura.
Ambos miraban la Ciudad de México desde el balcón.
"Nunca más volveré a soltar tu mano mi amor".
Él susurró besando el cuello de su amada esposa.
Valentina sonrió recargando su cabeza en el pecho fuerte.
El odio se había transformado en un amor invencible.
La venganza quedó atrás dando paso a la felicidad.
Su historia demostró que la luz siempre vence la oscuridad.