Más Allá del Orgullo
Cuatro largos años pasaron desde aquella terrible noche lluviosa.
La Ciudad de México había cambiado muchísimo desde entonces.
Lucía también era una mujer completamente diferente por fuera.
Ahora era la directora financiera de una gran transnacional.
Vestía trajes sastres de diseñadores exclusivos muy caros siempre.
Llevaba zapatos finos que resonaban en los pasillos corporativos.
Había pagado todas las antiguas deudas de sus padres.
Compró una casa hermosa en una zona muy exclusiva.
Nadie la miraba con desprecio por ser muy pobre.
El éxito profesional llenaba sus cuentas bancarias de millones.
Pero su corazón era un desierto frío y solitario.
Cada noche llegaba a su enorme departamento totalmente vacío.
Servía una copa de vino tinto importado de Francia.
Miraba las luces de la ciudad recordando aquellos besos.
El arrepentimiento era un veneno que bebía a diario.
Su estúpido orgullo destruyó al único hombre que amaba.
Nunca pudo olvidar la sonrisa arrogante de su Diego.
Había rechazado a muchos hombres guapos durante estos años.
Nadie provocaba ese fuego ardiente en sus propias venas.
Una noche fue invitada a una gala muy importante.
El evento benéfico reunía a los millonarios del país.
Lucía llevaba un vestido rojo ajustado que robaba miradas.
Caminaba por el salón con una elegancia muy fría.
Tomó una copa de champaña de una bandeja plateada.
De pronto un silencio extraño invadió el gran salón.
Las puertas principales de madera tallada se abrieron lentamente.
Un hombre alto entró caminando con una seguridad aplastante.
Llevaba un esmoquin negro que marcaba sus hombros anchos.
Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás con gel.
Lucía dejó caer su fina copa de cristal al piso.
El sonido de los vidrios rotos llamó la atención.
Pero ella no podía apartar su mirada de él.
Diego había regresado de Europa luciendo mucho más maduro.
Sus facciones eran más duras y sumamente muy atractivas.
Él escuchó el ruido del cristal rompiéndose cerca ahí.
Giró su rostro lentamente hacia la esquina muy iluminada.
Sus ojos oscuros se encontraron con la mirada femenina.
El mundo se detuvo por un segundo completamente eterno.
Lucía sintió que su pecho explotaba de pura emoción.
Quería correr hacia él para abrazarlo con mucha fuerza.
Pero Diego la miró con una indiferencia sumamente glacial.
Su rostro no mostró ninguna sorpresa ni emoción alguna.
Él desvió su mirada volteando hacia otro lado diferente.
Esa acción fue una puñalada directa al corazón enamorado.
Una mujer rubia y muy hermosa tomó su brazo.
Diego sonrió a la desconocida besando su mejilla suavemente.
Lucía sintió un ataque de pánico nublando su mente.
El oxígeno faltaba en sus pulmones de forma desesperante.
Ella salió corriendo del salón tropezando con algunas sillas.
Llegó a la gran terraza buscando aire fresco urgente.
Las lágrimas arruinaban su perfecto maquillaje de diseñador caro.
Se apoyó en el barandal mirando la ciudad oscura.
El dolor de la pérdida era mil veces peor.
Había madurado y ahora entendía sus grandes errores juveniles.
Su tonto complejo de inferioridad arruinó su felicidad pasada.
No iba a permitir que la historia terminara así.
La antigua Lucía habría huido cobardemente hacia su casa.
La nueva Lucía iba a luchar por su amor.
Limpió sus lágrimas con el dorso de la mano.
Caminó de regreso al salón con pasos muy decididos.
Buscó a Diego entre la multitud de ricos empresarios.
Él estaba parado cerca de la barra bebiendo whisky.
Estaba completamente solo mirando su teléfono celular de reojo.
Lucía se paró frente a él bloqueando su vista.
"Tenemos que hablar afuera ahora mismo por favor Diego".
Su voz sonaba firme aunque sus manos estaban temblando.
Diego levantó una ceja mirándola con mucha frialdad fingida.
"No tengo absolutamente nada que hablar contigo señorita desconocida".
Él intentó rodearla para caminar hacia otra zona libre.
Lucía agarró su brazo fuerte con mucha desesperación repentina.
"Te lo ruego por todo lo que alguna vez fuimos".
La vulnerabilidad en sus ojos rompió su dura fachada.
Diego suspiró dejando su vaso sobre la barra cercana.
Caminaron hacia los jardines traseros de la lujosa mansión.
La noche era fría y estaba a punto de llover.
"Tienes exactamente cinco minutos para decir tus grandes mentiras".
Él cruzó los brazos mostrando una postura muy defensiva.
"Fui una estúpida orgullosa y cobarde hace cuatro años".
Lucía soltó las palabras sin ningún filtro de protección.
"Me dejé cegar por mis propios complejos de pobreza".
"Creí que mi dignidad estaba en no pedirte ayuda".
"Pero mi verdadera dignidad estaba en luchar por ti".
Diego apretó la mandíbula ocultando la fuerte emoción interna.
"Tus disculpas llegan cuatro malditos años tarde para mí".
"Sufrí un infierno intentando olvidar tu hermoso rostro traicionero".
Lucía acortó la distancia entre ellos con gran rapidez.
"Mírame a los ojos y dime que ya me olvidaste".
Ella acarició su pecho sintiendo los latidos muy rápidos.
"Dime que ya no me amas y me iré".
Diego miró sus profundos ojos llenos de amor verdadero.
El resentimiento luchó contra el amor en su alma.
La lluvia comenzó a caer mojando sus ropas elegantes.
"Eres el peor error de toda mi maldita vida".
Él susurró con la voz ronca por el coraje.
"Pero sigo estando perdidamente enamorado de ti hasta morir".
Diego tomó el rostro de Lucía con ambas manos.
Devoró sus labios con un beso salvaje y desesperado.
Lucía respondió abrazando su cuello con toda su fuerza.
El sabor de las lágrimas se mezcló con deseo.
Los años de separación desaparecieron en ese ardiente choque.
El destino siempre tuvo razón en este loco juego.
Después de tantas tormentas dolorosas y caminos muy separados.
Él siempre estuvo esperando pacientemente en el mismo lugar.